Desde pequeño he tenido la ilusión de conducir un Mercedes-Benz Clase G. ¿Fantasia extraña? Puede, pero justificada porque tuve un coche teledirigido (cuando tele se referia a que el mando iba unido por un grueso cable blanco al juguete) de Rico que era un Clase G. He estado buscado fotos en google y me he dado cuenta de que era la versión descapotable, yo lo recordaba con techo. Y ya dudo también de si el mio era con cable o sin él.

 

Escribo esto desde un hotel cerca del Mont Blanc, durante la presentación de los Clase GLK y Clase G 2012. Así que, por fín, me he puesto a los mandos de un Clase G. Y me he estrenado con un 63 AMG y sus 544 CV. Pedro, un compañero de Car And Driver me ha dicho cuando me he puesto al lado del coche para hacerme una foto, que el Mercedes paracía un Aygo, pero yo he de decir que para sentarme he tenido que subirme al coche, usando subir en sentido literal.

El Clase G tiene 33 años a sus espaldas y aún con las infinitas actualizaciones que ha ido recibiendo es un coche viejo. Viejo por el diseño y por la ergonomía. Es el Mercedes en el que menos se puede alejar el asiento del salpicadero. El Mercedes que tiene el volante más inclinado. Y el Mercedes más cómodo para ir conduciendo con el brazo apoyado en el marco inferior de la ventanilla, algo que ya saben todos ustedes que no se debe …

Giro la llave para poner el motor en marcha y escucho el sonido grave característico de los motores AMG, es un sonido que asusta. Si un mosquito sonase como este motor asustaría al mayor de sus depredadores, sin duda. He dado un golpe de gas para escucharlo cuando aún estabamos parados y al pobre Pedro casi le quemo las piernas: los escapes, cuatro, asoman por los laterales del coche, dos a dos y él pasaba justo por ahí.

Una vez en marcha el sonido cambia. En ocasiones parece una moto gorda y a ratos suena como una bolsa de plástico enganchada en los bajos del coche y agitada por el aire. Mal coche si se quiere llegar a casa sin que los vecinos se enteren. De cómo va el coche encontraréis, espero que mañana, más información. Tampoco mucha porque lo he conducido unos 40 km. Hasta entonces, si les apetece, queridos blogespectadores, les dejo con un par de vídeos. Uno es de la versión “Professional” del Clase G, nada que ver con las pensadas para ir al puerto o para que el jeque vaya a esquiar al centro comercial. La otra es del 63 AMG subiendo por una estructura con una pendiente máxima del 100 por ciento (45 grados).

 

 

 

Celedonio

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