Quien haya comprado un gran electrodoméstico en los últimos años posiblemente se haya dado cuenta de que en él venía adherida una etiqueta con una escala de colores que puntuaba su eficiencia energética. Esa etiqueta también es posible encontrarla en la documentación de edificios de nueva construcción y, a partir de noviembre de 2012, la llevarán todos los neumáticos que se comercialicen en la Unión Europea. Responde al reglamento No1222/2009 del Parlamento Europeo.

Así que habrá una etiqueta que informe de la influencia del neumático en el consumo de combustible, o lo que es lo mismo, su resistencia a la rodadura. Cuanto menor, más nota. Cuanta más nota, menos gasolina consume.

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¿Qué si hay mucha diferencia entre un neumático A y uno G? Pues 0,5 l/100 km según Michelin, que son 150 litros suponiendo que el neumático dure 30 000 km. Hagan cuentas…

Perfecto. Entonces, a partir del 1 de noviembre,Celedonio&Cogolludo Tyres comercializará sus fabulosos neumáticos de resistencia cuasi cero  —Celedonio&Cogolludo Cuasi Zero, los C³Z— gracias a un novedoso compuesto: el acero pulido al espejo. Evidentemente, una etiqueta así conseguiría que, muy posiblemente, a algunos fabricantes (entre ellos Celedonio&Cogolludo Tyres ) les diese igual que la rueda proporcionase un buen agarre, ya que la baja resistencia a la rodadura y la adherencia alta son conceptos antagónicos, como lo pueden ser comer mucho y pesar poco. Así que alguien tuvo a bien añadir una segunda característica que no pusiese las cosas tan fáciles. La elegida fue la adherencia longitudinal en mojado o lo que es lo mismo, la frenada cuando el suelo no está seco. Ya no basta con comer mucho, es necesario también tener los glúteos firmes. ¿Por qué la frenada en seco y no la adherencia transversal (en curva)? Buena, pregunta. No sé la respuesta, pero puestos a suponer algo posiblemente porque resulta más sencillo de medir. Quién sabe…

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¿Y cuál es la diferencia entre un neumático A y uno F? Exactamente 18 metros.

Y como no hay dos sin tres, un tercer punto entra en la etiqueta: el ruido producido por el neumático al rodar. Y esto aparacerá en forma de cifra (en decibelios) y en una escala gráfica con tres niveles: por debajo de 68 dB, por encima de 71 db y el intermedio. Ojo, porque los decibelios son una escala logarítmica y una diferencia de 3 dB supone el doble (o la mitad) del ruido.

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Quedan fuera de esa etiqueta quedan variables de suma importancia, como la adherencia transversal, el confort y la durabilidad del neumático.  Ojalá, en un futuro no muy lejano, se tengan en cuenta.

Por tanto, cuando vayamos a comprar un neumático podremos ver su influencia sobre el consumo, la adherencia longitudinal en mojado  y el ruido que produce. Y eso está muy bien  porque todos se miden en las mismas condiciones y podremos compararlos, pero habrá que ver cuánto tiempo pasa hasta que se parezca a Euro NCAP porque sabiendo las preguntas del examen hay que ser muy mal alumno para no sacar buena nota.

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¿Qué quién mide lo anterior? Nueve laboratorios, tres de entidades como IDIADA, TÜV y VUFO, y el resto de los fabricantes de neumáticos. ¿La llevarán todos los neumáticos? Negativo, están exentos los os recauchutados, los específicos para conducción «off-road», los de clavos, los de competición (sic) y los que usan los clásicos. Tampoco la tendrán  los de motos, ya que este reglamento es válido solo para neumáticos de turismos, camionetas y camiones.

Un último detallito. De poco sirve comprar el mejor neumático si luego no se presta atención a algo tan básico como llevarlo a la presión correcta. No sólo porque una presión baja afecta negativamente al consumo, sino también a la distancia de frenado, al aquaplaning y  la duración. En cifras: Un bar menos de presión que la recomendada supone recorrer 5 metros más en una frenada de 90 a 70 km/h y gastar un 6% más de combustible.

Celedonio

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