Acaba de llegar a mi mesa la traducción al español del manual del conductor de un coche que lanzaremos dentro de un año. Mi equipo se ha abalanzado sobre el mismo.

Quieren ver los detalles del coche, cómo funciona el nuevo climatizador, el tipo de adaptador de iPod, la confirmación del nivel de emisiones, los consumos homologados…

Llevamos casi un año recibiendo, de forma paulatina, información del coche mucho más interesante y relevante. Sin embargo, el manual nos demuestra que el coche ya está aquí, es una pieza real (para muchos más real que los prototipos y preseries que hemos estado viendo).

Recuerdo cuando me compraba yo los coches (ahora, trabajando en una marca y en mi puesto, tengo el privilegio de conducir un coche de empresa), que mientras decidía qué coche comprar le pedía a los vendedores que, junto con el catálogo, me prestasen un par de días el manual del coche en el que estaba interesado. Creo que además de la información racional (los manuales te permiten saber mejor los plazos de revisiones, qué equipamiento es mejor, incluso extrapolas la calidad del manual a la calidad del propio coche), me gustaba saber cuál me hacía sentir mejor como “potencial propietario”.

La pena es que una vez comprado el coche, ignoramos el manual y apenas recurrimos a él más que para ver las presiones de inflado que tienen que tener las ruedas o porque tenemos que cambiar una rueda (o ni eso, que para eso está el servicio de asistencia en carretera). Insisto que es una pena ya que hay multitud de cosas (las prestaciones del equipo de audio, cómo usar correctamente el climatizador, los consejos de mantenimiento y muchas otras) de las que puede que disponga nuestro coche y que no sabemos aprovechar en ocasiones por que ni siquiera sabemos que las tenemos.

Puede que la culpa la tenga el propio aspecto del manual, ya que el que hoy nos ha llegado, como incluye las instrucciones del navegador, del equipo de audio, del controlador por voz y de todas las posibles opciones tiene ¡más de 270 páginas!

Cuando he preguntado a mi equipo quién se ofrecía a verificar la calidad de la traducción han salido todos huyendo.

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