Tracción trasera, motor delantero, mucho más de 400 caballos de potencia, motor de gasolina, unos 4,7 metros de longitud, caja de cambios automática, carrocería cupé, cuatro plazas aceptablemente amplias, así como un maletero relativamente capaz.
Las anteriores características definen superficialmente al Lexus RC F y al BMW M4 Coupé. A la vista de estos y otros datos (fichas técnicas), podría parecer que son coches parecidos, dirigidos a una clientela con gustos o necesidades similares. En absoluto. Esto me recuerda una vez más aquella frase que se me quedó marcada hace ya unos años, que suscribo por completo y que de hecho casi he adoptado como propia: «Lo importante es probar el coche: lo que pone en su ficha técnica vale de poco para tener una idea de cómo va».
BMW M4 Coupé y Lexus RC F
Pues sí, el Lexus RC F y el BMW M4 no se parecen desde el punto de vista del conductor. Podría resumir las impresiones de conducción en una sola frase: «a igualdad de velocidad, el BMW hace subir más el ritmo de los latidos del corazón, mientras que en el Lexus se viaja más relajado». Los latidos del corazón pueden aumentar por las emociones fuertes, que, ahora bien, pueden ser positivas o negativas. La misma situación no produce la misma emoción en distintas personas; hay quienes pueden percibir algo como apetecible a sus deseos y otras como estresante.
Conducir a ritmo elevado por curvas el BMW M4 (o un Alfa Romeo 4C) genera en mi, creo, una cierta segregación de adrenalina que aumenta la frecuencia cardíaca, que incrementa el aporte de sangre en los músculos, y como consecuencia última, prepara al cuerpo para afrontar un desafío físico impetuoso.
Lexus RC F y BMW M4 Coupe
La reacción del motor del M4 Coupé (el mismo que el del M3) es de tal intensad, tan exuberante, que pone en aprietos al chasis, rescatado constantemente por las ayudas electrónicas a la conducción. El límite entre el disfrute y el estrés es estrecho (al menos yo lo percibo así). Una decisión clave es si llevar las ayudas electrónicas conectadas o desconectadas. Cuando se aprovecha el enorme empuje de su motor y se lleva la electrónica desconectada (la que se puede desconectar), hace falta un conductor a la altura capaz de absorber la aceleración que se produce en todas las direcciones, de anticiparse, de ir por delante del coche. Con todo conectado, el coche se comporta de una forma absolutamente distinta; parece otro.
En el Lexus todo es más sosegado. No sé si es más fácil de conducir porque su motor empuja menos y con menos ímpetu o porque su chasis está trabajado para que las reacciones sean más dulces. Obviamente, también se puede desmandar, pero hay que buscarlo mucho más que en el BMW. En una competición en circuito, el Lexus sería peor que el BMW pues creo que tardaría más en completar cada vuelta, pero cumple mejor papel como medio de transporte lujoso y veloz.
Para mi, el coche ideal no es ni uno ni otro, sino una mezcla de los dos. Si pudiera elegir poner y quitar piezas como si se tratara de un juego de construcción, me quedaría con el motor del BMW M4 en el Lexus. Mi compañero Mario Garcés (que compartió conmigo una jornada de pruebas con los dos modelos), hace la elección contraria: el motor del Lexus en el M4. Él lo prefiere así porque el motor del Lexus le satisface mucho porque su entrega de potencia y sonido son característicos de los V8 grandes atmosféricos. Yo, sin embargo, prefiero un motor que empuje con rabia, que empuje tanto o más como cabe esperar de la potencia que anuncia y que gaste lo menos posible. Ambos nos quedamos con la calidad de vida que ofrece el interior del Lexus, por insonorización, aislamiento, suavidad o remate de materiales.
Motor seis cilindros del BMW M4 Coupe
Motor de ocho cilindros del Lexus RC F
 

Enrique Calle