Acabo de devolver a la redacción el coche objeto de esta entrada y entregadas las llaves, he vuelto andando a mi despacho, un paseo de apenas veinte minutos, que he aprovechado para estructurar lo que les iba a contar de este Jaguar, al tiempo que veía desperezarse la ciudad un soleado lunes de primavera.

Los porteros salen a fregar sus portales y formulan sus teorías a los vecinos salientes, se abren los cierres metálicos de las tiendas, se encienden luces, hombres y mujeres de rostros somnolientos caminan por las aceras con andares mecanizados, aprendidos a sus oficinas como ovejas al matadero; el sueldo lo tienen descontado, como su trabajo: se entregan por horas a cambio de poder cubrir sus gastos y ahorrar para algo que les cause una ilusión por lo general poco duradera que se renovará por otra.  Y otra. Los coches se detienen en los pasos de cebra y algunos dejan de emitir ruido, y gases tóxicos que todos compartimos y respiramos, evenenándonos como peaje a un progreso sostenido sobre el consumo como motor de la felicidad. Niños que caminan por las mismas aceras con los pelos revueltos hoy para ir a sus colegios y que lo harán por las mismas aceras mañana para ir a sus cubículos como hoy lo hacen sus padres.

Y que a qué viene esto, pues yo tampoco lo sé, pero junto con eso venía reflexionando sobre qué importancia tiene lo que yo les pueda contar de este coche. Soy piloto y se me presuponen conocimientos infrecuentes sobre la conducción, quizás los tenga, pero y si los tuviera ¿qué valor tendría para ustedes si yo les dijese cosas que ustedes no notarían, o que no necesitan saber?.

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En la imagen el 3.0, no difiere mucho del 5.0 probado. La estética parece afortunada

Escribir sobre coches es un arte raro. Si yo les comento sobre un coche y me traigo referencias de otros coches les estoy aportando valor pero desdibujo el coche de la prueba porque habría de valorarlo en sí mismo, y no en relación a otros. O podría escribir sobre él teniendo en cuenta si satisfará a su comprador. Y entonces el valor añadido que yo podría poner sobre la mesa no tendría sentido porque quizás yo cuente cosas que sus compradores no valorarían. O sí.

Esta entrada está quedando de un relativista que podría haber estado escrita por Javier Moltó, que según los días, no sabe si el dia y la noche existen por sí mismos o si son un convencionalismo social.

Así que, hablando del coche.

La estética la pueden juzgar ustedes mismos. A mí me parece muy bonito, y elegante incluso, pero lo que llama más poderosamente la atención de él es una cosa: su sonido. Es BRUTAL. Al principio, la parte racional de mi cerebro me decía que era demasiado sonido, antisocial; imaginaba a señoras despertadas de sus siestas, a enfermos anónimos en sus casas molestos por una exhibición de poderío mecanofílico. Me imaginaba anunciando mi llegada a la Guardia Civil quien me presupondría una velocidad estratosférica juzgando el retemblor del planeta que provoca. Suena a ladrido.

Y yo que he estado tentado de comprar un Tesla S, silencioso como navegación a vela, circulando en completa calma heme aquí sonriendo como un imbécil con el sonido de este Jaguar. Acelerando es la pera, en retención, petardea como traca valenciana.

Es lo que hace girarse a las cabezas, es una herramienta de venta, y es un factor de enamoramiento hacia el coche, porque creo que es, de verdad, el primer valor del coche para quien este tipo de valores les vaya. Porque a quien no le guste el sonido de los coches, no podrá permanecer impasible y se alejará del concesionario. A quien le vaya, quizás obviará otras cosas para obtener la seducción de su sonido.  Grabé un vídeo del arranque (y otros no publicables porqué quizás fuese a 102 km/h en una zona de 100 km/h) pero no puedo ponerlo porque no tengo pajolera idea de cómo colgarlo. En youtube hay numerosos ejemplos.

Y hablando de lo que acompaña a su sonido; pensé prejuicioso que el coche se iba a comportar aparatoso, sintiéndose pesado, y tendiendo a la torpeza.

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A la izquierda del selector del cambio, el mando con los ajustes de comportamiento

Junto al cambio de marchas encontramos un mando en el que podemos seleccionar un modo de funcionamiento de invierno o bien “dinámico” habiendo un tercer modo de funcionamiento que es el “normal” que no se selecciona, simplemente es el que se presenta por defecto salvo que conectemos uno de los dos referidos. En el modo “dinámico” la suspensión se endurece, el mapa de gestión del acelerador hace lo propio y el coche tiene un poco menos de roll.

Hay coches en los que activar un modo “deportivo” se traduce en activar una insensatez que convierte al coche en una tabla ingobernable, pero en este Jaguar el modo normal es cómodo sin ser blando y en el modo dinámico el coche gana control sin perder nada o casi nada de comodidad. Un aplauso para Jaguar en este sentido.

En uno u otro modo (aunque yo casi siempre lo conduje en el modo más prestacional) el coche gana y pierde velocidad sin cabeceos, y gira con poco o casi nada de inclinación sin perder comodidad. Las curvas las enlaza muy bien aunque la dirección me parece muy poco informativa; la rigidez torsional me parece sobresaliente, el coche apoya neutro y se sale con gas, que llega inmediato. Con asfalto roto, el coche salta un poco, pero casi parece que poco puede hacerse con unas 295/30 R20 detrás, hay muy poco perfil para absorber nada, pero bastará con el mejor control de tracción de todos cuando el asfalto se presente en esas condiciones: el pie derecho. No estamos en las carreras, así que cuando el asfalto se estropee pues ahuecamos un poco o nos habituamos a corregir con el volante, que también es divertido.

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Ópticas oscurecidas y los cuatro tubos de escape que anuncian la llegada

El motor es verdaderamente impresionante como corresponde a algo con casi 500 CV. En Jaguar han optado fieles a sus tradiciones por compresores volumétricos para la sobrealimentación de sus coches y la aceleración es ininterrumpida, lineal, contundente, y bien casada con la caja de cambios -de convertidor de par- que parece el canto del cisne de los convertidores de par. Creo que es la caja de este tipo más rápida que he probado – de ocho relaciones- sin que sea brusca o quejica, sino que sigue siendo dulce y suave como corresponde a la percepción general del coche.

Quien se lo compre, se llevará un coche bonito y elegante, con mucho motor, con un sonido que sólo se hace presente si se hunde el pie, no resulta incómodo para viajar cuando se desconecta la tecla del escape deportivo y el gas es constante; si volvemos a hundir el pedal, el ladrido se vuelve a hacer presente. Habrá otros coches más competentes, pero pocos que transmitan estas sensaciones y quien se lo compre estará tan sobrado de prestaciones, que no creo que eche nada en falta.

Dicho queda.

JM

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