Sí, ya sé que esperaban encontrar algún artefacto exótico o fuera de parámetros, pero es que se me presentó la oportunidad de subirme en el archifamoso Renault de la Redacción y claro, no es cuestión de desaprovechar la singular ocasión.

¿Cómo describir la experiencia?.

Cuando el mundo era como en las fotos de Instagram, en los años 70 y 80, la gente iba montada en cosas así, así  , y así y la gente no se limitaba a transportarse limpia y eficientemente como ahora,no: la gente sudaba sangre y océanos para transportarse. Aquellos conductores de entonces, subidos en esos hierros se esforzaban en dar lo mejor de sí mismos para aprovechar cada famélico caballo de esos coches; bajaban una o dos marchas cuando venía un repecho, quitaban el aire acondicionado -los que lo tenían- para hacer un adelantamiento, ponían la calefacción en verano para bajar la temperatura del refrigerante, cargaban eficientemente el coche, sabían cuánto gas poner para que  el coche y sus carburadores no se atragantasen y sobre todo, se peleaban con él porque los coches de antes no se conducían: se dominaban.

El Clio ante una cuesta ascendente. Horror.

El Clio ante una cuesta ascendente. Baja dos marchas, Manolo.

Hoy todo se ha vuelto más descafeinado, eficiente, limpio, impersonal, sencillo, asequible. En algunos aspectos el avance es sensacional siendo la mejor seguridad activa y pasiva lo más destacable. Pero hoy la gente conduce a ritmos cansinos coches que son mecedoras comparados con los de los coches de generaciones precedentes, y así la gente va dándole al Whatsapp porque conducir desde una poltrona a ritmo de caracol exige tanta actividad cerebral como ese pis que hacemos de madrugada sin poder despegar los ojos. Yo creo que hoy en día la gente se mata porque se aburre. Un SEAT 133 (lo he puesto antes en foto enorme para que asustase a los niños) no te daba tregua, un Renault 8 ni hablamos: estrecho como un tubo, con cuatro faros -uno más y parecía un OVNI- y ese característico sonido a micción en orinal. (No pregunten).

El motor condiciona su conducción.

Pero este Clio necesita ser conducido como los de antaño. Con mano firme. Con ese motorcillo exiguo que tiene, yo es que me veo cambiando a 5.500 rpm constantemente. Tiene menos bajos que un pitufo. (No conozco los bajos de un pitufo, pero llevo diez minutos pensando en un símil y ahí se queda a falta de una ocurrencia mejor). Y el motor tiene ese particular sonido Renault a cacatúa agónica en su último suspiro cuando uno lo estira, pero es que si no lo estiras, no se menea.

Subir de vueltas sube con más o menos alegría, pero lo que es perderlas, es una desesperación. Si las catedrales tuviesen volantes de inercia, éste Clio tricilíndrico tendría un volante de inercia de catedral: hay que esperar una anomalía temporal para poder cambiar a la marcha siguiente para evitar que el paso de una marcha a otra no se salde con un vaivén.

Por alguna cuestión misteriosa, pese a costarle un triunfo ganar velocidad, no la mantiene mal en llano, sea cual fuese la velocidad. Eso sí, si viene un repecho, pues eso, de quinta a cuarta y de cuarta a tercera, toma revival de los setenta.

Este coche presenta un acelerador que es más parecido a un interruptor dado que en él no parece tener mucho sentido por lo poco fructífero, dosificar lo poco que hay que dosificar. Un ritmo ligero necesita ir con el gas a fondo casi constantemente y el tacómetro en las 5.000-5.500 rpm alboreando (ole) el final de su recorrido. Para mi sorpresa, el coche cuenta con un botón ECO que incide sobre el acelerador y ayuda a dosificar la potencia. Esto ya convierte a un coche perezoso en un coche ñoño y pastoso.

Defectos, pero también virtudes

No es una crítica descarnada, porque son esas cosas precisamente las que le convierten en un coche de lo más idóneo para un misacantano del carnet de conducir. Es un coche de precio razonable, que hay que conducir, entender, que hay que anticiparse en su manejo: desconectar el aire acondicionado para adelantar, asumir que en algunas carreteras la segunda es muy corta y la tercera, sin bajos, muy larga. Es un coche para valorar la conducción. Ideal para aprender o ideal para la gente que busque un coche pequeño, no muy caro, de imagen desenfadada y no tenga capacidad de darse cuenta de sus peculiaridades, que ya es suerte.

Consola. Palancón de cambios y receptáculo de la tarjeta de acceso.

Consola. Palancón de cambios y receptáculo de la tarjeta de acceso.

Peculiaridades

Aparcarlo sin un sistema de pitidos es un suplicio, no por grande, sino porque no veo ni coscojo.

El tacto del cambio, si bien es mejor que en algunos Renaults pasados en los que manejar el cambio era algo parecido a mover una cuchara en un bol de puré de patata, no es prodigioso y hay demasiada sensación de palanca, pero al menos, sin ser una maravilla, no es imprecisa.

El coche viene equipado con una pantalla grande, de funcionamiento rápido -varias veces más rápido que el del Range Rover de la semana pasada-, pero que dada su situación, está permanentemente afectada por los reflejos, así que usar el sistema con luz diurna exige usar una solución aftermarket dispositivo semejante a la de abajo, o bien sólo escuchar la radio por  la noche, con la complicidad e intimidad de las estrellas, que hay que ser cursi y relamido para escribir algo así, es como de novela barata.

Sistema aftermarket para ver la pantalla durante el día Sí. Ya sé que está del revés. No sé ponerla bien.

Sistema aftermarket para ver la pantalla durante el día
Sí. Ya sé que está del revés. No sé ponerla bien.

Sigo que me pierdo.

El motor tiene un sistema de esos que me irritan del tipo Stop&Go, o Stop&Fly o Arre&Só (que cada marca lo llama de una manera) y hasta ahí todo bien. Lo que sucede es que cuando el coche vuelve a arrancar emite un sonido que recuerda a máquina de palomitas de maíz y produce una vibración meneosa, perceptible pero no exagerada, que me añora todo al Citroën 2CV cuando próximo a calarse, agitaba los mofletes y las latas esas que llevaba cloclocloclocló.

El coche lleva una de esas tarjetas engorrosas para el acceso sin llave. En la imagen, la de un Laguna porque no pude hacerle una foto, al menos no entera. El Clio tiene un receptáculo para insertarla, pero puede ser insertada indistintamente boca arriba o boca abajo. Sólo una de esas formas de inserción es correcta, pero el sistema no impide que se inserte de la manera incorrecta. Así que, con 23.210 kilómetros, inserté la tarjeta erróneamente y se quedó clavada como la espada de Excalibur. Gran marrón. Si se queda insertada, cualquiera puede subirse al coche y llevárselo, así que hube de desincrustarla arriesgando la vida, fuese ello necesario. Como Rey Arturo, tiré de la dichosa tarjeta, empotrada y ella, reacia a salir como político profesional a ganarse la vida fuera del presupuesto público. Temí lo peor. Concentración Jedi mediante y tres ventosidades involuntarias después, la logré sacar, quedándose dentro parte de la tarjeta, en concreto la llamada “espada” y que viene tan a cuento con la preciosa analogía a propósito de la llave-Excalibur. Me parece un tormento la tarjeta esa, señores de Renault.

En resúmen

No he convivido mucho con el coche, pero me parece estéticamente fresco, chic, joven y macarra todo en un mismo pack. Es un coche ideal para aprender el negociado de la conducción, y para tener una sensación racing porque moverse con un mínimo de soltura implica manejar mucho el cambio, esperar el momento óptimo para cambio ascendente y calcular distancias al milímetro en los adelantamientos.

No me pronuncio sobre su rendimiento dinámico porque no tiene la menor pretensión deportiva más allá de que el motor exige que se le practique una conducción de este tipo para que se mueva; el chásis no me ha llamado la atención pero en apoyo franco me sigue dando esa sensación muy de Renault en esta gama de brazos poco consistentes, como de flaneo en el apoyo, como con chapa delgada que torsiona y retorna aunque menos acusada que lo que era habitual en los modelos de Renault.

Frases para el olvido

  • – Fresco. Desenfadado
  • – Desenvolverse con soltura implica usar mucho régimen de giro.
  • – No entiendo el botón ECO
  • – El sistema de información a bordo sólo vale para la noche si hay mucho sol
  • – Las llantas están sobreexpuestas a roces de aparcamiento
  • – No hay quien lo aparque sin recurrir al oído de una u otra manera
  • – Tiene ruidos de máquina de palomitas y contoneos con el Para&Vamos
  • – Con menos rueda, iría mejor, con una llanta menos expuesta, el aparcamiento no sería un suplicio.
  • – El testigo de motor frio se apaga en trescientos metros, no me lo creo.
  • – Buen coche para empezar o para quien no necesite más, (qué suerte).
  • – DIVERSIÓN **+++ 2/5. Puede ser tan divertido como hacerle el amor a una lámpara o inocuo, según quién lo lleve.
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