¡Qué pereza! Tras quince días de inactividad (o de actividad piscino-playera, como prefiráis) la vuelta al cole ha sido dura. Bueno, todo lo dura que puede ser volver a un trabajo que me gusta.

El domingo, a modo de comité de bienvenida, Mercedes-Benz tuvo a bien lanzar la información y las fotos del nuevo CLS. Supongo que en Mercedes-Benz no están casados ni tienen hijos, ni tienen vacaciones ni saben que el domingo el Señor descansó (y ordenó descansar, coñe). Eso, o intentan joder la marrana a los que tenemos vida familiar. Ahora que caigo, en realidad ellos se han vengado de mi grandíísimo y peligrosísímo reportaje de investigación en el que les pillé infraganti 😀

Pero vamos, como dice mi jefe, el Excelentísimo e Ilustrísimo Don Javier de Moltó, marqués de Teletransporte, “semos periodistas” (en realidad dice “somos”, mi imaginación hace el resto…). Así que mi última noche de vacaciones se fue al garete por culpa de la marca de la estrellita. Lástima que hagan buenos coches y que mi venganza me temo que se tendrá que servir demasiado fría (es broma, por si acaso alguien piensa cosas que no son). Les salva que no son los únicos que nos hacen currar a deshoras.

A lo que iba. Que mi compañera Noelia me ha dicho que soy un vago, que escriba algo en el blog que lo tengo olvidadito. Así que lo que os espera es morralla blogística, advertidos estáis. Eso sí, de altura. Los aviones. El transporte aéreo. Sólo tienen una cosa buena, que van más rápidos que un coche o que el tren. Por lo demás, como diría uno que trabajaba antes por km77.com, el avión está por inventar.

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No sé cuántos aviones cojo al año. Unos cuantos. Un año los conté: 50 vuelos, todos por trabajo. Seguro que alguno de vosotros viaja más y seguro que yo viajo más que la mayoría de vosotros, lo que me permite asegurar que es un coñazo, sin temor al pequeño porcentaje de lectores que me pueden llevar la contraria (o eso espero).

El procedimiento para ir de un sitio a otro en avión se resumen en nueve breves apartados. Imagino que alguno se sentirá identificado.

1.- Llegada al aeropuerto.

Una, una hora y media, dos horas antes de la hora supuesta en la que el avión va a despegar. Fila en el mostrador, tarjeta de puntos (cómo mola el catalogo de Lufthansa) y pesaje de maletas. Recordad, pequeños padawanes, siempre hay que intentar evitar el facturar equipaje…).

2.- Despelote en el control de seguridad.

Consejo, evitad las filas en las que haya adolescentes, jubilados o viajeros ocasionales; siempre a la fila de gente con traje u ordenadores en la mano; esto lo dicen en la peli «Up in the air», de Jorgito Clooney, pero no lo descubrieron los guionistas, lo sabe cualquiera que viaje con frecuencia.

2.1- Líquidos fuera de la maleta (aunque en Barajas ya pasan del tema, salvo que toque un vigilante novato), reloj, teléfono, llaves, cartera, todo a la bandejita.

2.2- Ordenador. Esta parte siempre me deja alucinado. No basta con sacarlo de la maleta; tampoco basta con sacarlo de la funda. Tienes que abrírselo para que visualmente comprueben que no llevas ¿drogas?, ¿explosivos?, ¿una revista porno? Absurdo. Sobre todo porque es algo que sí hacen en Barajas y no en otros muchos aeropuertos.

Nota del Autor: en este momento voy arrastrando la maleta de mano, con el otro brazo sujetando las dos bandejas de tamaño XXXL (una para todo y la otra para el ordenador) mientras se me caen los pantalones.

2.3- Los zapatos. Son como los pimientos de Padrón, “unos pitan y otros non”. Joder, que paso todo el año por el arco y no pitan nunca, lo sabré yo. Meeeeeeec. Levante los brazos caballero. Nada por aquí, nada por allá, espere que le sobo un poco más las cachas. Efectivamente, quítese los zapatos y vuelva por donde ha venido. La miradas cargadas de irá de la gente en la  fila me taladran.

3.- Paseo kilométrico hasta la puerta de embarque. Oportunidad para ir al baño, que nunca está cerca, o de hacerse una American Express  “…con la que le regalamos un viaje ande usted quiera, caballero”. ¿Cuotas? Naaa, hombre, es gratis. ¿El segundo año dice? Eso son 110 € pero no se preocupe porque ya le he dicho que le regalo un viaje. ¡¿Es usted tonto?! ¡he dicho la palabra regalo!”

4.- Puerta de embarque.

4.1- Si el embarque es a las 12.16, no empezará hasta 15-30 minutos más tarde. Salvo que ese día llegues tarde, entonces será británicamente puntual.

4.2- El temible “Delayed-Retrasado” aparece en los monitores. Entonces el punto 4.1 puede suceder en cualquier momento, sin previo aviso.  Sólo Dios y AENA saben la hora exacta. En realidad, yo creo que AENA tampoco.

5.- Acceso al avión.

5.1- Billete Business. Sólo hay que pegarse si hay mucho pasajero en Bussines para poder colocar en la maleta.

5.2- Billete Económico, alias Turista. Aquí  hay que pegarse sí o sí para colocar la maleta. Si llevas un billete para la fila 15, el embarque comenzará por las filas 16 a 29. Si el billete es para la fila 16, el embarque comenzará por las filas 17 a 29. Va a pasar lo mismo si el billete es para la 17, la 18, etc. Es cosa de Murphy.

6.- Sentarse en el avión.

Lo primero que suele suceder es que ya hay alguien en tu asiento. O tú has leído mal el billete o lo ha leído mal el otro o, lo peor, la compañía aérea te acaba de hacer una putada.

Si mides más de 1,90 no podrás sentarte. Alguien pensó que todos los pasajeros están por debajo del metro setenta y cinco, así que juntó las filas para conseguir llevar seis pasajeros más por avión. Los nuevos asientos Recaro con respaldo de plástico impiden ganar centímetros para las rodillas. Si vas en el Puente Aéreo de Iberia, directamente no cabes. Si cabes y el viaje es largo, llegas con moratones, y esto no es una concesión dramática. Además, seguro que te ponen al lado a la persona más corpulenta de todo el vuelo, que peor huele, que más suda, que más chilla o que más veces se levanta del asiento; o todo lo anterior a la vez.

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7.- Despegue y vuelo.

Si el despegue se produce con retraso, que es lo normal, el comandante, con voz de presentador del “Tiempo es oro” utilizará las siguientes escusas: “lamentamos nuestro retraso debido a que el avión ha llegado tarde del destino anterior”, “perdonen el retraso, pero hemos tenido que esperar a un pasajero que venía de un vuelo procedente de la Conchinchina” y el más espectacular: “Por motivos de seguridad hemos tenido que retrasar el despegue hasta que los agentes secretos de la CIA y el Mossad han sacado de la bodega una maleta que no correspondía a ningún pasajero”.

Salvo una casi-colisión contra otro avión (con maniobra evasiva incluida), tres alcances de rayos  y un tío fumando en el baño, casi todos mis viajes han trascurrido con cierta normalidad.

8.- Aterrizaje.

Hay tantos como colores. Los suaves, los que parecen un test de resistencia de amortiguadores contra la pista, los que se quedan sin pista, los que hay que abortar y repetir. Si viajas en periodos vacacionales (o con Ryanair) la gente aplaude. El resto del año no.

Si todo va bien, ya está. Has llegado. Pero es posible que: no acierten a acoplar el finger a la primera, la escalera no esté preparada o no haya autobús-jardinera. 15 minutos más.

9.- Aeropuerto.

9.1- Llevas equipaje de mano. Sólo te queda por recorrer interminables pasillos, subir varias escaleras para ver la luz al final del túnel. You did it! (éntoncse a lo Dora Exploradora) Congratulations.

9.2- Has facturado equipaje. La cagaste Burt Lancaster. Media hora de espera. Tu maleta es la última o no sale. Qué bonito es viajar en avión. Sí has conseguido tu equipaje, vuelve al punto 9.1. Si no, vete a reclamar. ¡Zuerte maeztro!

Resumiendo, que para un vuelo de hora y media empleas tres horitas, sin contar los traslados al y desde el aeropuerto.

Celedonio

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