Hace unas semanas, hice una entrada en la que pedí sugerencias para saber qué es lo que les podría apetecer ver en esta sección. Las sugerencias que hicieron iban de lo razonable a lo extraño pasando por lo terrorífico.

Cuando aquella entrada no dio más de sí, hablé con Alfonso, hombre grande de km77.com, rogando de su buen hacer que se interesase por conseguir modelos de los que habían sugerido ustedes.

Debí haber sido más preciso.

Te he conseguido algo de lo que pediste

Demostré mi entusiasmo demasiado pronto.

Una Jumpy.

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Agradable, suave, cómoda. Lo de bonita o no, ya es subjetivo

 

Coño. Una Jumpy.

Fui a recogerla al garage donde km77 guarda sus coches. Exiguo el garaje como pensión de jubilado, yo creo que la redacción cruzó apuestas a ver si la esnafraba contra alguna pared porque la Jumpy es un pequeño planeta; creo que entre la fila delantera y la trasera debe haber otra zona horaria. Y encima una señora dejó su coche en el susodicho garaje en un lugar prohibido próximo a la salida con lo que la maniobra se me hizo sudor y sangre. Diez minutos de maniobrar, se materializa la señora quien, ajena a mi padecimiento, me ve en el garaje a bordo de la Jumpy y me pregunta “si soy el de Remica” -me dice google, una contrata de fontanerías y calefacciones de edificios-.

No, señora, y o quita el coche o se lo despachurro, que no tengo la almeja para ruidos

Borde

Fea

Lo logro sacar, maniobrando como un poseso, se fastidie la redacción, que no le he hecho un rasguño.

Ya en la calle, pensé que iba a ser más complicada de conducir, pero apoyada por un cambio automático, un puesto de conducción no tan elevado como yo esperaba y unas reacciones muy de turismo, no requiere una adaptación, para nada. Sólo tener la cautela de ir más largo de trayectoria y no cerrarse demasiado pronto porque, aunque se conduzca con facilidad, docilidad incluso, y se comporte como un turismo, el chisme es grande. Pero grande, grande.

Ocho plazas. De esas que se abaten y los respaldo abatidos hacen de práctica mesita. Me asalta la duda de que no sé cómo probar esto. Así que llamo a la familia y organizo un fin de semana de excursión. Cada plaza con su bicho. A mi hermana le costó aceptar la idea –yo ahí no me monto ni de coña.- Lo hizo. A empujones, pero lo hizo.

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El acceso a las plazas posteriores es un poco rudimentario y exige más fuerza e insistencia que destreza.

El motor es un dos litros con 163 CV que empuja suave, silencioso y mimoso. Empuja suficientemente para moverse sin la sensación de que uno va más lento que el tráfico, de hecho, el motor y el comportamiento hacen que uno se desenvuelva entre el tráfico como con cualquier turismo. El cambio, automático de seis relaciones, es muy suave y aunque se maneja bien en modo enteramente automático, ofrece un funcionamiento secuencial. Los cambios, tanto ascendentes como descendentes son muy dulces, es claramente mejor que el de muchos turismos que yo haya llevado y todo ello me sorprende enormemente.

Prejuicioso, cuando me enteré de que el Jumpy era mi prueba ya me supuse que me iba a encontrar un vehículo de motor áspero, de comportamiento delicado con una gran diferencia entre el comportamiento del tren delantero y el trasero, con rebotes, con mucha inercia y ningún agrado de conducción.

Incluso con los ocho bichos familiares a bordo, el comportamiento no variaba nada, el motor seguía empujando bien, el comportamiento era aplomado, sin movimientos pronunciados de carrocería y la verdad es que el ritmo de marcha era igual que el que yo suelo llevar, sin ningún condicionamiento, a una velocidad razonable que tiende a no coincidir con la velocidad de señalización.

Me cuesta disimular el entusiasmo porque es que la verdad es que me sorprendió enormemente: iba muy bien y me cuesta ponerle alguna pega, aunque las tiene.

– La climatización en su funcionamiento automático es demasiado ruidosa y se opta por anular el modo automático y reducir la velocidad de los sopladores.

– La articulación de los asientos de la fila intermedia de asientos, para poder acceder a la tercera fila, es tosco y hay que esforzarse más de la cuenta, desmereciendo el buen conjunto obtenido.

– El manejo de los elementos multimedia se puede hacer cómodamente desde los mandos satelitales dispuestos a ambos lados de la columna de la dirección, es además casi la mejor forma de hacerlo porque los botones dispuestos en el propio sistema son pequeños y de difícil manejo.

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En su sitio, buen manejo del mando secuencia del cambio, postura al volante convencional

Dado el espacio disponible, la sensación de desahogo, y el buen comfort de marcha, en otra configuración, no estaría de más confrontar la marcha como pasajero en un vehículo de estos con la de una típica berlina de representación.

La Jumpy me ha cambiado la percepción prejuiciosa que tenía de este tipo de vehículos, y me parece una oferta a considerar para quien necesite tanta plaza.

Dicho queda.

JM

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