Tras las pruebas en pista llegó el turno de unas actividades en las que la diversión y la habilidad iban a la par. En la explanada del paddock del Jarama, BMW había montado una zona de drifting, un slalom marcha atrás y una carrera en un trazado corto entre conos con dos coches a la vez.

Comenzamos por el drifting. Básicamente había que dar vueltas a dos círculos sobre asfalto mojado. Y había que dar vueltas con el coche de lado, derrapando.  El instructor da unas vueltas de demostración, un círculo, otro círculo, un ocho usando los dos círculos. Chupado.  Seguro que eso lo piensa cualquiera que haya visto alguna de las  películas de la saga “A todo gas”, se acelera a fondo, se contravolantea y ¡hala!, el rey del dritfting.

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Pues no amiguitos, no es tan sencillo. Llega mi turno, me presento al instructor, el cual me dice que dé una vuelta despacio para reconocer el trazado. Lo hago. Lo siguiente es “¡acelera a fondo!…¡gira, gira más!”  Terminó de decir la ese de más con el coche mirando al sentido contrario al deseado.  El segundo intento fue más de lo mismo, pero a partir del tercero, sin llegar a conseguir una derrapada prolongada de un circulo a otro, al menos conseguí llevarlo de lado y que acabase el derrape en el sentido correcto. La superficie, con adherencia variable (asfalto mojado, seco y una zona deslizante de pintura blanca) complicaba más el hacerlo bien.  Tras los dos minutos que duraba la prueba le pregunté al instructor que a qué se dedicaba. Respuesta: “Soy el campeón de España de drifting” (Dan Adams). Claaaro, así yo también. Por cierto, se me olvidaba, el ejercicio lo hicimos con un M3 de cambio automático DKG.

Con Lorenzo (el astro, no el piloto) calentando como si fuese agosto, nos acercamos a la segunda prueba. Habían montado un pequeño circuito entre conos en el que corrían dos participantes a la vez, saliendo desde extremos opuestos.  Se daban dos vueltas y al terminar, había que bajarse del coche, ir hasta una fotocélula que había fuera del recorrido y parar el tiempo pasando la mano, el pie o la extremidad que cada uno tuviese más larga. La parte de conducción muy bien, llegué antes que mi rival. La parte de correr, muy mal. Me ganó Félix, del diario Expansión.  Y lo hizo engañándome “estoy cojo, me han dado cuatro puntos en la rodilla”, eso me contó antes de participar….¡ja!, corría como Usain Bolt (en cojo).  Y como no se hacían las clasificaciones por tiempos sino por quien ganaba en cada prueba, pues ahí terminó mi triste participación en esta prueba.

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Pero lo peor estaba por llegar :D: El slalom marcha atrás. Había que sortear una fila de unos seis conos, retrocediendo con un X6 M.  Resumiendo, de los 550 CV lo mismo utilizabamos 10. El monitor de esa prueba nos dice que el mejor del día hasta ese momento había tardado 16 segundos. Sale el primero de mi grupo y tarda unos 26 segundos. Sale el segundo  y tarda más. Empiezo a pensar que esto es más complicado que lo que parece.  Me llega el turno y como yendo despacio es evidente que no voy a batir el tiempo, salgo acelerador a fondo. El primer cono bien, el segundo también, en el tercero voy tan pasado que tengo que maniobrar para no llevármelo puesto. Selecciono la D, acelero a fondo, el motor ruge y el coche no se menea. Le doy otro toque a la palanca, vuelvo a acelerar a fondo, el motor ruge otra vez y el coche sigue en el mismo sitio que antes. Los compañeros me miran con cara de entre sorprendidos o de mira-este-inútil. Por tercera vez le doy a la palanca, en esta ocasión despacito y con cariño. Ahora sí. Acabo la prueba. Ni me molesto en mirar el tiempo.

Continuará….

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