El invierno aún estaba entre nosotros, o sea que ha pasado un tiempo desde que conduje este coche y casi parezco el del blog del cine de al lado, sí, el que redefine la procrastinación. No creo que él lea este blog; eso espero ¿no?. No vale delatarme.

El momento de la entrega fue memorable; al fin y al cabo es un Audi, y Audi no pierde oportunidad para instalar el último grito en iluminación y  esos faros psicodélicos delatan ese afán de Audi de distinguirse por unas parrillas capaces de engullirse países pequeños y una iluminación de feria. El frontal del coche, con todas las luces, parece un cruce entre una nave espacial y el casco de Darth Vader.

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Ya en marcha, el coche avanza suave, discreto. Se desenvuelve sin ser estrepitoso en ciudad con una dirección singular. Por supuesto, eléctrica, con un tacto pesado, y con “textura”. ¿Qué quiere decir “textura”?.

No sé si alguno es aficionado a esos juegos de conducción en videoconsolas, yo no, se me dan fatal; pero alguna vez he probado alguno con uno de esos volantes que equipan pequeños servomotores para generar resistencia y dar sensación a la conducción. Si se trata de contar que el neumático está a punto o ha perdido adherencia, la dirección se vuelve más ligera – los servomotores dejan de ejercer resistencia al giro- , si hemos tocado un piano de circuito, entonces el volante da una sacudida. Van bien en una consola, y la sensación en este coche es algo similar. Es artificial, y siendo quizá más artificial que otras direcciones de su tipo, es mejor que ellas. El agarre en cualquier condición es tan elevado en condiciones de uso de calle que no resulta crítico tener una información fina y precisa de lo que ocurre. Otra cosa es que nos metiésemos en circuito necesitando ahí más referencias, pero no ha sido el caso.

En el futuro los coches serán capaces de tomar el control del volante -ahora ya lo hacen para labores auxiliares como aparcamiento o para mantenernos dentro de un carril- y ello pasa por un control sobre el volante y de ahí esa necesidad de contar con equipos con direcciones controlables. Mientras eso llegue, tendremos muchos avances en el control del volante.

El motor empuja con contundencia pero sin brutalidad, sin resultar dramático. Para tanto como andan sus 560 CV uno podría esperar una potencia más exuberante, no deja de ser un coche que hace el cero a cien en 3.9 segundos, que es territorio de supercoche. Pero la sensación que transmite es de que todo está bajo control, sin sorpresas, sus diferenciales trabajan discreta e imperceptiblemente en lo que haga falta para que una carrocería de cinco puertas se mueva con velocidad de infarto sin que éste acabe apareciendo. El aspecto general del coche podría ser elegante pero desde luego no podía predicarse la elegancia de aquella configuración de colores del coche de pruebas: rojo vivo con llantas de 21 pulgadas de dos tonos. Para mí la elegancia es la sutileza de un estilete y aquella presencia masiva de rojo con faldones de carbono opcionales era a la elegancia lo que un hacha a la cirugía no invasiva.  Seguro que en otra combinación de colores pasa más desapercibido que creo que es lo que yo buscaría en un coche así, así que he optado por poner fotos en un color más sereno.

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No he considerado nunca la compra de un Audi, de hecho jamás tuve alguno, y este RS7 me ha hecho planteármelo porque me he quedado boquiabierto de lo que es capaz de hacer.

Hay bastantes coches que ofrecen unas prestaciones de infarto, bastante inútiles en el dia a dia, pero 560 CV y 700 Nm entre 1.750 y 5.500 rpm anunciando un consumo de 9.8 litros a los 100 no está nada mal: desconecta cuatro cilindros (el 2, el 3 el 5 y el 8) cuando el requerimiento sobre el pedal del gas no es grande. No es el primer coche que presenta un sistema similar, pero sí el primero en el que lo que hace me pasa desapercibido. El motor empuja sin cesar, sin retrasos apreciables, sin picos ni valles, como una locomotora, me parece un motor brillante, que de no venir ayudado por el sistema de tracción integral quedaría desaprovechado.

Hay bastantes coches con un comportamiento bueno; cualquier deportivo aspira a tener un nivel de comportamiento por encima de gamas menos prestacionales. La inmensa mayoría de ellos suelen estar entre discretamente incómodos o notoriamente incómodos, a salvo de que tengan regulaciones de suspensión variables, que por lo general suelen ser cómodos pero insuficientes en su tarado más confortable e insufribles como carretas con ballestones en su tarado más firme. El caso es que el RS7 lleva de serie una suspensión adaptativa de aire, que no sé cómo va porque la unidad de prueba llevaba la suspensión aún más deportiva RS con Dynamic Ride Control con muelles de acero y tres tarados de amortiguación.

Lo verdaderamente brillante de esta suspensión que se presume más radical que la que monta de serie es que sigue siendo increíblemente cómoda. Es cierto que en su tarado Dynamic (el más firme de los tres que ofrece) uno creería cabalgar sobre un burro viejo  en vez de conducir, pero la buena noticia es que en el tarado AUTO el coche se comporta de cine sin resultar incómodo pese al paso por curva que tiene.

Y es que qué paso por curva. Hay muchas sensaciones que son bastante difíciles de describir y que explican mi confeso enamoramiento hacia este coche, y voy a tratar de hacerlo

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La unidad de pruebas venía equipada con un opcional de cristales dobles que aíslan térmica y acústicamente en mayor medida que el cristal de serie de lo que nos rodea. Y vaya si funcionan, porque esos cristales y la escasa sonoridad y vibración del motor hacían la conducción de un coche de 560 CV como si fuese la de una berlina de lujo. Y es cierto, que el coche incluso a ritmo decidido no suena nada, salvo que se apriete don decisión el pedal, al menos un 40 por ciento de su recorrido.

De modo que podemos circular a un ritmo elevado, con un aplomo fuera de lo común en el modo AUTO o COMFORT, en completo silencio, interior y exterior, como iríamos en una de esas que vienen llamando “berlinas de representación”. Poner el selector en “DYNAMIC” configura el modo más deportivo en todas las opciones posibles, siendo preferible situarlo en INDIVIDUAL que permite seleccionar, uno por uno, todas las opciones de configuración del coche, y que es en la que yo circulaba, con todo en DYNAMIC a excepción del tarado de suspensión, que quedaba en AUTO y era más que suficiente.

Esa ausencia de ruido unida a la entrega serena y no bruta -más no por ello menos intensa- del motor y al trabajo de los diferenciales para que todo esté en control sin esfuerzo hace que este coche sea extremadamente fácil de conducir por cualquiera. Y eso está muy bien, o no.

Me parece demasiada potencia, demasiado ritmo, demasiado fácil y “democrático” un nivel de prestaciones que no me parece gestionable al alcance de cualquier mano. Muchas veces se ha tenido este debate, por ejemplo, con las motos más prestacionales.

El dinero es la única frontera que separa este coche o una moto radical de cualquier mano. En el caso de las motos, es verdad que hace falta “saber” para ir muy rápido, pero no con este Audi en el que cualquier futbolista de mirada distraída y ayer de favela es capaz de embarcarse a un ritmo que no es capaz de comprender y le resulta tan ajeno como el esfuerzo a fin de mes de un padre de familia media cualquiera.

Es excepcional el trabajo que ha hecho Audi en democratizar unas prestaciones de infarto; la caja de cambios no es de doble embrague pero es el canto del cisne de las tradicionales y suficientemente rápida, ello y todo lo demás en un paquete, insisto, en el que las prestaciones son demasiado fáciles de obtener. Es de lo que han sido capaces los de Audi, es un hito, una conquista tecnológica y no la cuestiono como tal, sino que simplemente valoro la pertinencia de todo ello a la luz de la situación actual de las carreteras.

He estado a punto de comprármelo, con eso digo todo. Conduzco un Porsche 911 turbo de 480 CV que casi parecen pocos al lado de estos 560 CV y viajo cuando no tengo más remedio en un Range Rover SDV8 de la nueva carrocería. Este Audi es casi una combinación perfecta de ambos.

Creo que este coche es un auténtico hito, pero no sé si estos hitos tienen cabida en un mundo en el que viajamos a la velocidad de los coches de hace cuatro décadas, vigilados por helicópteros, sorteando radares-trampa, y donde ha calado la mentira de que la velocidad es la causa de los accidentes y no un factor concurrente en ellos cuando los hubiere. Escribo esto desde Nürburgring, viaje que he realizado a más de 200 km/h y todo lo que ha pasado es que he llegado más rápido que a una velocidad inferior.

Detrás de la satanización de las prestaciones y de la velocidad están las emisiones, el dichoso factor climático, la economía de recursos. Se podría poner el cascabel a la industria automovilística y legislar que no pudiesen lanzar al mercado coches de más de 50 CV o capaces de alcanzar velocidades que superasen los límites de velocidad.

En cambio, se producen coches hipercapaces y se lanzan a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado a la represión y sanción de los ciudadanos que hagan uso de ellos. En este enrarecido contexto, un coche tan capaz como éste, no sé si hace sentido.

Bueno, tampoco tiene mucho sentido el 95% del parque automovilístico, demasiado capaz para sus estúpidas limitaciones.

Pero ese es otro debate. En un mundo perfecto, habría más Audis RS7 y menos hipócritas.

Pero no es nuestro país.

Ni nuestro tiempo.

Saludos,

 

JM

 

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