Como algunos bien sabéis, el Prius que km77.com compró hace algo más de cuatro años para hacer una prueba de larga duración (160.000 km) es de mi propiedad desde hace año y medio, cuando tenía unos 190.000 km. Año y medio en el que ha llegado hasta los 218.000 km. Y ha sufrido sus primeros achaques.

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El primero, que es el que más me preocupa, es que de la noche al día empezó a gastar aceite. Durante la prueba nunca tuvimos que rellenar aceite entre revisiones (lo cierto es que teníamos que sacar el que ponían de más :)). Un día mi mujer, que es quien usa el coche habitualmente, subió a casa y me dijo “se me ha encendido un testigo en la rotonda, me ha parecido que era un triángulo”. Sí, pensé lo mismo que estaréis pensando alguno “cariño, es que no se puede ir desempedrando la calzada, que vas como una loca”. Juró que no, pero yo seguía convencido de que era el testigo del control de estabilidad.

Me fui a dar una vuelta, primero comprobé la presión de los neumáticos. Estaba bien. Me fui a la rotonda en cuestión y no paso nada. Volví a hacer otra pasada y seguía sin encenderse nada. A la tercera llegó la vencida. No era el ESP, era un testigo triangular de fallo de presión del aceite. Se encendió muy brevemente. Volví al garaje, dejé reposar el aceite 5 minutos, comprobé la varilla del nivel y….seca como la mojama.

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A partir de ese momento estuve añadiendo algo más de medio litro cada 1.000 km. El manual, como todos los manuales que he visto, considera normal un  consumo de aceite de hasta 1 litro cada 1.000 km. En mi Fiat Uno Turbo i.e., que sólo hacia 10.000 km al año y lo mimaba más que una novia, me parecía un gasto aceptable, asumible y perdonable por lo que corría y lo que lo disfrutaba. Pero no puedo aceptar que mi electrodoméstico, el que no tiene averías y me lleva a los sitios confortablemente gastando poquito, gaste tanto aceite.

Como el coche no deja mancha de aceite y aparentemente no se ve nada de humo salir por el escape, aproveché la visita al taller de la revisión de los 195.00 km para decirles que le echasen un ojo. La respuesta del recepcionista fue “uyy, si hay que abrir el motor de un Pius”. Me callé. Pero tenía que haberle preguntado qué era lo que tanto le asustaba. En el fondo es un bloque (el mismo que mi Yaris de carreras ;)), con una culata y su tapa (hasta los frenos son los mismos, al menos los discos tienen el mismo tamaño; ficha comparativa). Supongo que el ciclo Atkinson no complica la parte mecánica.  Como no encontraron nada a simple viste, y atemorizado por lo que me dijo, me llevé el coche sin insistir en el tema.

Tras varios meses pensando quehacer, escuchando diversas opiniones, decidí empezar por lo más barato. Cambié el aceite que utilizan en Toyota por uno más viscoso a alta temperatura y añadí un bote de esos productos con bases de siliconas para recubrir las superficies del motor (Slick 50, concretamente). El resultado ha sido que el consumo de aceite ha bajado a unos 300 cm³ por cada 1.000 km, alrededor de un 50% menos. Lo que no sé es si habrá sido cosa del aceite o del producto “milagroso”. En cualquier caso, en el próximo cambio de aceite haré otra probatina.

Hasta aquí la primera avería. Avería o resultado del desgaste del motor tras más de 200.000 km.

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La segunda es que el equipo de sonido está haciendo tonterías. A veces no funcionan los mandos del propio equipo y hay que manejarlo desde los del volante.

En otras ocasiones se apaga y no hay forma de volverlo a poner en funcionamiento. Mejor dicho, no había forma porque mi mujer ha descubierto que sí se activa el reconocimiento de las órdenes por voz y se dice “reeeiddioo” (radio, en inglés) vuelve a funcionar. Esperemos que la cosa no vaya a más porque me temo que como haya que cambiar el equipo de sonido va a costar como medio coche.

En una entrada futura os comentaré algunos detalles sobre el desgaste durante este tiempo.

Alfonso Herrero

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