Viendo y leyendo las noticias de las zonas afectadas en Japón por el tsunami, me he preguntado varias veces: ¿cómo se reconstruye un país después de algo así? ¿cómo se reconstruye la vida de las familias que han sufrido la pérdida de varios seres queridos, de su casa, de su trabajo, de todo lo que les rodea?

Tengo la fortuna de haber nacido en el año 75. España estaba en pleno proceso de cambios, Franco acababa de palmarla, pero no he tenido que sufrir en mis carnes la postguerra. Ni de cerca. Soy de una generación privilegiada, sin duda. La de Barrio Sésamo, con su Espinete y Chema, el panadero.

Intento imaginar que ocurriría si Zaragoza fuese arrasada por cualquier causa. Unas 700.000 personas sin casa, sin pertenencias, sin nada que comer.  Me veo, como veo a la gente en los telediarios, andado entre escombros buscando a mis padres, a mis hermanos, a mi mujer, a mi hijo…se me nubla la vista por la emoción. Sin duda debe ser algo duro, durísimo.

Pasan los días e imagino que llegará un momento en el que esos sentimientos, aún presentes, quedarán ocultos dentro de mí. O vamos a ponerlo todo más fácil, supongamos que he encontrado a todos los seres queridos….seguiríamos sin un techo bajo el que dormir, sin alimentos, sin medicaciones, sin nada de nada, salvo una gran sensación de angustia.

El Estado, por muy buenos que fuesen los gobernantes (según escribo esta frase aún me da más miedo el panorama), por muchos medios de los que dispusiese, por muchos ganas con las que actuase, no podría levantar de la nada viviendas, industrias, etc. ¿cuántos años son necesarios para que la vida vuelva a parecerse mínimamente a cómo era antes?  ¿1, 5, 10, 20?

El otro día, y a colación del tsunami en Japón, charlaba con un amigo de las consecuencias de algo así en la España de hoy. En un país de bandoleros como el nuestro, tras la desagracia habría que estar escopeta en mano para mantener alejados a los sinvergüenzas. Y entre barbaridad y barbaridad que se nos ocurría, llegamos al peor de los casos: la civilización actual, tal y como la conocemos, es arrasada. Adiós a las plantas generadoras de electricidad. Adiós a todo aquello que nos hace la vida más sencilla. Desde una vitrocerámica, a una bombilla, una bici, la rueda…Supongamos que nos queda la tierra y nuestras manos ¿seríamos capaces de seguir adelante? ¿sabríamos cultivar plantas y criar animales para alimentarnos? ¿para alimentarnos todos?

Da miedo pensarlo. Al menos a mí.

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