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Buenas señores y señoras, ¿qué dice el pueblo? (Mejor que no diga nada, a ver si voy a tener que sacar los tanques.)

 

Hoy llueve y hace fresquito. Sí, ya sé que este no es un blog de meteorología, pero ya saben que soy un hombre bastante disperso. Por mí podrían acabar el verano ahora mismo y me harían el tipo más feliz del mundo. Sin embargo parece que a las personas les encanta morir abrasados, quemarse con el sol, ser acribillados por los mosquitos y beber sangría. El invierno, amigos y amigas, es mucho más elegante.

 

Estos días me veo obligado a coger el tren para acudir a mis obligaciones laborales y debo soportar a esos seres humanos que creen que ir sudado y sin camiseta o (peor) con una jodida camiseta de baloncesto es una especie de religión. No me tomen por un fanático, por mí cada uno puede hacer lo que le de la gana y vestirse como desee, siempre que no interfiera en mi libertad personal. Imagínense que yo fuera por ahí con una lata de gasolina y un mechero y cada vez que alguien invadiera mi espacio le rociara y le prendiera fuego. Seguro que me tomarían por un criminal.

 

Menos mal que soy un demócrata y eso me convierte en alguien razonable. Ay, si no fuera así.

 

De todas formas, cuando manden los míos, será invierno todo el año y sólo se admitirá la sangría hecha con Vega Sicilia o champagne francés. Vótenme.

 

Bien, revelado mi ideario demócrata y liberal, pasemos a hablar de cine. No, esta semana tampoco hablaré de ningún coche. Entiendo su frustración, pero aguanten conmigo un poco: la espera valdrá la pena.

 

Esta semana se estrena RED 2, que es la secuela de RED. ¿Me siguen?

 

RED era una película estupenda, muy divertida, donde un grupo de agentes secretos retirados (liderados por un magnífico Bruce Willis) sembraba el pánico en Washington.

RED son las iniciales de Retired and Extremely Dangerous (Jubilado y extremadamente peligroso, para aquello de ustedes no familiarizados con la lengua de la Reina Madre).

La peli buceaba en el mundo de la comedia sin dejar el armazón del cine de acción, y la combinación era francamente notable. Los diálogos tenían chispa, John Malkovich estaba increíble (la escena del cerdo en el aeropuerto es memorable) y las escenas movidas donde explotaban cosas estaban magníficamente rodadas. Resultado: un entretenimiento mayúsculo para degustar con unas palomitas entre risotadas.

 

¿Qué ha pasado? Que toda la frescura del original y la potencia de los personajes se ha perdido (en su mayor parte) en esta segunda entrega.

 

No es algo nuevo. Cuando una formula tiene éxito, Hollywood trata de ampliarla, de llegar a más público, de multiplicar los beneficios. Aquí se ha hecho a base de añadir actores a la receta. Lo que pasa es que esta dispersión narrativa, en que todo el mundo trata de sacar la cabeza en cada escena que protagoniza, da lugar a una intensidad del todo artificiosa que de algún modo no casa con el propósito primario del filme: entretener.

 

Sí, Helen Mirren está que se sale y Willis luce su retranca habitual, pero con eso no basta. Sobran el personaje de Anthony Hopkins (este actor se me está haciendo cada vez más pesado, aunque les suene a herejía) y –sobre todo– esa actriz de morritos de oro llamada Catherine Zeta Jones. Alguien debería haber explicado al director que añadir más tejido a un cuerpo que ya funcionaba lo hace más pesado y no mejor.

 

Cierto es que la película también entretiene y que, tal como está el panorama, deberíamos conformarnos con eso. Seguramente eso sería suficiente si RED no hubiera sido tan divertida, pero teniéndola en el horizonte todo resulta sumamente doloroso.

 

Con un poco de suerte la película hará mucho menos que la primera (parece que ya va por ese camino) y matarán la franquicia antes de convertirla en un cementerio de dinosaurios.

 

Una pena, oiga.

 

Abrazos/as,

T.G.

 

 

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