Queridos y queridas,

 

Cómo va el 2018? Más les vale que vaya bien, o me veré obligados a perseguirlos con gasolina y una antorcha.

 

Este fin de semana se estrena Call me by your name, de la que les hablaré el viernes y que es una de las pelis de la temporada. Mira que no soy demasiado fan del cine de Luca Guadagnino, pero si hay que reconocerle el talento al tipo, pues se le reconoce.

 

Sin embargo, lo que realmente me apetece es recordar hoy el estreno de El señor de los anillos. No, no la de Peter Jackson, la que llegó a los cines hace 40 años.

 

La firmaba un señor llamado Ralph Bakshi y es un rotundo clásico de la animación, de la mano de un tipo que había firmado ya dos pelis maravillosas: Tygra, hielo y fuego y Heavy traffic.

Bakshi, era un kamikaze de la animación, sin miedo a nada. Ya desde que empezó en aquello de dibujar en los años 60. El problema básico es que llegó a un mundo en el que Disney había canibalizado todo lo habido y por haber y el estilo rompedor del palestino (sí, nació en Palestina, no me lo estoy inventando) no encajaba demasiado bien en aquellos parámetros.

 

Cuando llegó al proyecto de El señor de los anillos aquello era un despiporre. Se habían hecho innumerables intentos de llevar el filme de la pantalla (uno de ellos a manos de un grupillo llamado The Beatles) y todos se habían saldado con un fracaso estrepitoso, básicamente por cuestiones presupuestarias: adaptar la obra de Tolkien costaba montañas de dinero.

 

Bakshi llegó con una idea revolucionaria: rodar una versión de la peli de un modo algo cutre (parte de ella en España) y pintarla después fotograma a fotograma. El sistema se llamaba ‘rotoscopia’ y era un proceso de alta dificultad, pero de un coste mucho menor que el de tratar de juntar 2000 caballos en una montaña al mando de un viejo mago llamado Gandalf.

 

Así se estrenó en 1978, con gran éxito de público, pero con hostias de la crítica (ya saben, como con Blade runner, 2001 o El resplandor) y la negativa de Bakshi de volver a ponerse detrás de la cámara. Así fue como se fue al traste la posibilidad de rodar una segunda entrega, ya que la peli abarcaba tan solo los dos primeros libros de la saga y se paraba justo –si no recuerdo mal- con la llegada del mencionado Gandalf al rescate de la comunidad del anillo.

 

El resultado es extraordinario y yo tengo un recuerdo maravilloso de la misma. Pienso ir al cine a verla como que soy autónomo.

 

(No la he visto desde que era pequeño, así que igual me llevo un disgusto tremendo, pero sin riesgo no hay recompensa).

 

Si son ustedes fan de Tolkien o les gusta la animación clásica para adultos, esta es una grandísima opción. Si lo único que les gusta es Bambi, pues entonces no.

 

Abrazos/as,

T.G.

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