en-el-ojo-de-la-tormenta

 

Buenas señores/as,

 

¿Qué tal están? ¿Se han portado bien? Voy a creer que sí y les voy a obsequiar con uno de mis fabulosos posts que harían sonreír a Shakespeare, Dante, Melville y Alfonso Ussía.

 

Debería haber sido rapero porque la fuerza de mis palabras es algo propio de la ciencia-ficción, pero no sabía cómo ponerme la gorra y me quedaban mal los pantalones anchos, así que opté por escribir un blog para el señor Moltó. Eso sí, a veces cuando escribo muevo las manos como un rapero y digo “yo, yo” [lo pronuncio “llou, llou”] e imagino que estoy en Brooklyn y que las niñas me miran y me guiñan el ojo.

 

Esta semana quería hablarles de El niño, de la que no paro de oír cosas buenas (Daniel Monzón, director de Celda 211, va para grande), pero aún no he podido verla. No quiero que nadie sufra por ello, que ya veo por ahí ojos llorosos y caras de preocupación, ya que mañana mismo haré los deberes en uno de esos multisalas que parecen salidos del infierno, con jóvenes que llevan gafas de sol dentro del cine y un tatuaje en la nuca que pone “Collejas por la voluntad”.

 

En fin. Tranquilízate T.G.

 

(He empezado a hablar conmigo mismo y estoy mucho mejor, como pueden comprobar.)

 

Para compensarles por lo que no he podido ver y que va a ser la gran noticia para el cine español hasta que entrenen la vigésimo-segunda entrega de Torrente, les voy a hablar de lo que sí he visto, que es una auténtica chaladura con la que me lo pasé como un chaval: En el ojo de la tormenta.

 

Recuerdan ustedes esa película llamada Twister? No, Twitter no, Twister.

 

(Esta pregunta determinará a qué generación pertenecen ustedes.)

 

Bueno, si no la han visto, se la cuento –los que la hayan visto pueden saltar hasta el próximo párrafo. Twister (que significa “tornado” en inglés) es una película sobre un grupo de cazadores de tornados que intentan descubrir la manera de predecir a esos malos bichos con el tiempo suficiente para que las poblaciones puedan ser desalojadas. La protagonizaban Bill Paxton, Helen Hunt y el mismísimo Philip Seymour Hoffman. Sí, lo han leído bien.

 

En el ojo de la tormenta tiene el mismo sujeto (los tornados), pero con cámara en mano (ya saben, el famoso “found footage”) y con unos efectos especiales tan bestiales que la cosa acaba siendo un festival de luz y colores.

 

Se lo digo ya desde ahora: la peli no vale un pimiento.

 

No tiene guión.

Los personajes son de cartón piedra.

La narrativa es inexistente.

El final no tiene ningún sentido (bueno, y el principio tampoco).

 

Sin embargo, si lo que buscan ustedes es un poco de diversión que les aleje de este país delirante que tenemos, En el ojo de la tormenta es su película. El nivel de destrucción en pantalla es tan salvaje que 2012 parece una bromista (vale, bueno, exagero un poco). Sólo les recomiendo lo del tornado en el aeropuerto: si el tornado más grande jamás recordado es un F5 este es un F18000.

 

No les digo más, si les gustan las películas apocalípticas incomprensibles pero deliciosamente caóticas, ya están corriendo al cine. Yo no me lo pasaba tan bien desde Independence Day.

 

Si alguien ve El niño antes que yo (hablaré de ella el sábado) que la comente. Que lo casque. Que lo diga.

 

Hala, hasta el sábado. No dejen que se los lleve el tornado.

 

Abrazos/as,

T.G.

 

 

 

 

 

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