Buenos días señoras y señores,

 

Como algunos de ustedes/as ya saben, soy catalán. No hace falta que huyan: no es contagioso.

 

El sábado se casó mi mejor amigo así que me ahorré la jornada de reflexión.

 

El domingo fui a votar (‘no’, para más señas). Quería poner mi voz en una urna, sin más. No le otorgué más connotaciones. De hecho, fuimos miles los que votamos ‘no’. A mí me gusta España. Voy cada dos por tres a la capital, quiero a esos cabrones.

 

No veo ningún beneficio en separarme de mis vecinos. ¿Qué hay gente que no soporto y que no me soporta? Pues claro. Pero eso también me pasa en mi edificio y no pienso mudarme. Al que no le guste que se joda.

 

Ahora bien, lo del domingo fue intolerable.

 

Me da igual quién diera las ordenes o el motivo de mierda que llevara a unos tipos con uniforme a actuar así. Sencillamente: está mal.

 

No se pega a la gente por el morro. No se les disparan balas de goma. No se les arrastra por el pelo. Y lo sé porque yo estaba allí. No lo vi por la puta tele, ni oí comentarios en la radio, ni me tragué 12 videos en youtube. Yo estaba allí cuando esos chiflados llegaron allí para confiscar unas urnas y acabaron dando de hostias a todo lo que se movía.

 

Y aquí es donde me pierdo: el referéndum no tenía ninguna validez, y se había dicho por activa y por pasiva. ¿Para qué confiscar nada? Oiga, cuando anuncien los resultados va usted y se los pasa por el forro.

 

Lo que se ha hecho a ojos del mundo es mandar un mensaje extrañísimo: si votan les apaleamos. En lugar del mucho más sabio: nos importa un pito que voten porque nos vamos a pasar el voto por el forro. “Esto es una pantomima” y listos. Claro, que a estas alturas, qué más dará ya.

 

Mis amigos de medio mundo me llamaban flipando. Y no sé qué decirles, la verdad. Solo me dan ganas de pillar la maleta y largarme al campo, con la esperanza de que ningún chiflado de ningún lado llegue nunca allí.

 

Nos hemos vuelto todos locos, si es que alguna vez no lo estuvimos.

 

Y lo peor es que no hay nadie capaz de decir: basta ya. Ni una sola figura política relevante con la ascendencia necesaria para dar un paso al frente. Nuestro país es un puto páramo.

 

Y lo que más me preocupa: gente decente (o que yo creía que eran decentes) incapaces de condenar la violencia porque creen (hay que ser corto de miras) que sería alinearse con el separatismo. Oiga, les aseguro que si alguna vez alguno de ustedes es apaleado ofreciendo resistencia pacífica o simplemente porque pasaba por allí, contarán con mi solidaridad, y me dará igual el partido al que voten. Levantaré la voz por ustedes, y me la sudará si cabreo a este, al otro o al de más allá.

 

Ah, y a los que creen que todo vale porque ‘se estaba vulnerando la legalidad’, espero que si algún día les pillan superando el límite de velocidad, les saquen del coche y les den una buena paliza. Porque –por supuesto- estaban ustedes vulnerando la legalidad.

 

Por la dignidad y la decencia, amigos y amigas.

 

Y a los que no crean en estas cosas háganme un favor: arrástrense hasta algún agujero y quédense allí.

 

(A los que han dicho ‘así no’, sea cual sea su signo político: moltes gràcies)

 

T.G.

 

 

 

 

 

 

 

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