Estimados y estimadas,

 

¿Qué tal están? Ya saben, pregunto por puro protocolo. Soy catalán y todo lo que me importa es romper España y que se reconozca que la butifarra es netamente superior al bocata de calamares.

 

Hecha esta importante aclaración, vamos a lo importante: Ready player one.

 

En junio de 2018 se cumplen 10 años de este blog (se dice pronto, oigan) y prometo hacer algo especial, con regalos y todo eso. Como si esto fuera serio.

Todos los que me hayan seguido, aunque sea un poquito, sabrán de mi devoción por Spielberg. Creo –sinceramente- que un director imprescindible para entender el cine de los últimos 40 años. Sí, de los últimos 40 años.

 

Desde que en 1975 hiciera temblar el mundo del celuloide con la (aún) impresionante Tiburón, Steven Spielberg ha revolucionado cada género que ha tocado.

 

Encuentros en la tercera fase, La lista de Schindler, Munich, Salvar al soldado Ryan, la trilogía de Indiana Jones (la cuarta? Qué cuarta), Jurassic park, Minority report, El imperio del sol, ET, Atrápame si puedes, El puente de los espías, etc. Hablo de memoria, sin mirar google, porque seguro que me dejo alguna. Si me pongo a mirar en todo lo que ha ejercido de productor igual me da un íctus.

 

Lo que intento decir, es que si Spielberg estrena algo es difícil que no vaya a gustarme (hasta en War horse y Lincoln, que son dos películas que no me vuelven loco, hay momentos que me ponen la piel de gallina). The post me encantó y siendo periodista debo admitir que me toca muy de cerca, especialmente en estos tiempos en los que la libertad de expresión está siendo cercenada con un cortacésped del tamaño del Titanic.

 

Así que cuando se publicó que iba a estrena Ready player one, toqué con la cabeza en el techo.

 

Yo había leído la novela ya hace años y me había encantado. A ver, la historia de un tipo que crea el sistema de realidad virtual más avanzado de la historia, basado en el look y feeling de los años 80. Luego se muere, pero deja un video en el que anuncia que su fortuna está escondida en ese juego y que el que encuentre el ‘easter egg’ heredará todo lo suyo.

 

¿Qué es Ready player one? Pues eso, una orgía de nostalgia donde aparecen todos los referentes que se nos puedan ocurrir y unos cuantos más (no miren trailers, no lean nada, háganme caso) y que es una explosión de alegría cinéfila. Ni más, ni menos.

No es su mejor película, ni mucho menos, pero lo que sí podemos decir es que es un tributo a todo ese cine que nos tragamos de críos y que nos hizo sonreír como si fuéramos idiotas (seguramente, éramos idiotas).

 

El mundo de Oasis (el juego de realidad virtual en el que transcurre la mayoría del filme) es tan jodidamente bestial, tan ambicioso, tan auto-referencial, tan desacomplejado, que cuando uno lleva media hora de película, le duele la mandíbula de felicidad.

Si llevan ustedes la amargura dibujada en la jeta, o son de esos/as que esperan profundas reflexiones hasta un viernes por la noche comiéndose una pizza: esta no es su historia. Si son de los/las que echan de menos a los Gremlins, los Goonies, los Cazafantasmas o Regreso al futuro, entonces cojan un paquete de kleenex, un barril de palomitas (para esta película si aceptamos palomitas) y corran al cine más cercano.

 

Ya me lo agradecerán después. Con un cheque o en efectivo, como deseen.

 

Abrazos/as para todos/as ustedes/as,

T.G.

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