Chavales/as, por fin he visto Star Trek. Reconozco que acudí con expectativas muy altas, y debo decir -con mucha alegría- que se han visto superadas.

En primer lugar decir que yo no soy un trekkie, o un trekker, o como demonios se diga. Nunca he sido fan de la serie de TV, y en cuanto a las películas, me gusta mucho el original y –especialmente- la segunda entrega. Las dos me parecen excelentes ejemplos de ciencia-ficción solvente. Dicho esto, para que se tenga en cuenta que mi opinión no es la de un fanático irredento sino la de un espectador relativamente fresco (olvidemos la deformación profesional que supone ver cinco o seis películas a la semana).

No descubro nada si digo que JJ Abrams, el director del invento, es un genio. Un tipo que ha conseguido en pocos años pervertir (en el buen sentido de la palabra) todos los códigos televisivos, liberándolos de complejos y aplicándolos en productos que trascienden el ámbito puramente televisivo, para convertirse en un fenómeno cultural. Ejemplo: Perdidos. Ejemplo reciente: Fringe.
Además, este cabroncete se atreve a seguir el camino inverso: aplicar códigos televisivos (en cuanto a urgencia y presupuesto) a una obra cinematográfica para crear un nuevo género: la superproducción de bajo presupuesto. Ejemplo: Monstruoso.

Y ahora, cuando creíamos que lo habíamos visto todo va el tipo y se reinventa de pé a pá (sin olvidarse de incluir en el puzzle las piezas que engancharán al fan habitual y de modificar otras para pescar a los recién llegados) una franquicia que ya muchos daban por perdida (un servidor el primero) como la de Star Trek.

¿Cómo?. Con pasta (mucha pasta), un guión inteligente, un reparto sin antecedentes penales (entendiéndose por ello que ninguno de los actores/actrices es excesivamente reconocible y el riesgo de deja-vu es inexistente) y, sobretodo, una dirección sobría, espectacular cuando debo serlo, solvente siempre, intimista (aunque parezca mentira) en los momentos clave (algunos preciosos soliloquios del Capitán Kirk).

Los efectos especiales (no hace falta que lo diga) son de traca y pandereta, oreja y rabo, etc, etc, etc. Era obvio que sería así, y así ha sido. Los diálogos aunque con una buena dosis autorreferencial, son comprensibles para el gran público sin necesidad de haberse empollado antes la gran enciclopedia de Gene Roddenberry (creador de la serie original), la química entre los protagonistas es estupenda y el ritmo es fabuloso: de esos que no te dejan respirar pero que no agobian.

Mi único pero es el final: al director se le va un pelin la mano (creo que eso debe ser la factura cuando trabajas en una película tan grande para un estudio).

Resumiendo: os recomiendo vivamente Star Trek. Es una película magnífica. Dos horas estupendas. Dinero bien gastado.

Eso sí, tiene sentido verlo en un pantallote. En una tele no tiene sentido. Aquí si que se puede decir aquello de que “el tamaño importa”.

He dicho.

T.G.

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