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Hola señores y señoras,

¿Cómo están ustedes? Yo sigo como la niña de The ring, tratando de salir del pozo (eso sí, la chavala de The ring tiene pelazo y yo no). Me compré una vela de lavanda hace unos días. Una vela de lavanda.

Con lo que yo había sido.

Estoy seguro de que ahora vienen los de la Cienciología a captarme y les doy todo lo que tengo (nada) y me hago adepto, pero de los de verdad, de los que te venden máquinas para que no te masturbes a 400.000 dólares.

Sino fuera porque canto y bailo fatal hasta podría valorar hacerme de los Hare krishna, pero lo cierto es que no sé llevar el ritmo ni con un cencerro.

En fin, otra semana en el paraíso ligeramente tonificada porque ayer me dejaron entrevistar (con público, que pagó su entrada… la gente está chiflada) a Dan Harmon (el gran Dan Harmon) en Barcelona y se encariño conmigo, abrazándome contra su barrigón, mientras me decía lo buen periodista que era. Seguro que era todo mentira pero yo me lo creí y me fui a dormir semi-alegre. Hay que ver lo poco que hace falta a veces para hacer sonreír a un lerdo como yo.

Gracias Dan, y gracias a tu barrigón, es cálido y confortable.

Por otro lado, el miércoles (o el jueves) me invitaron al evento de Star wars. Ya saben, lo que llaman un panel: los actores y/o directores y/o productores, presentan la película ante una manada de fans hambrientos. El acto principal se celebraba en Anaheim, California, ante decenas de miles de fans (sí, decenas de miles de fans) y acudió la plana mayor del asunto: JJ Abrams (el realizador), Kathleen Kennedy (la productora), los nuevos intérpretes, los viejos conocidos, R2D2… en lo que fue uno de esos eventos en los que podrías reventar un termómetro si midieras la temperatura de los asistentes.

Yo soy una de esas criaturas que vio El imperio contraataca y El retorno del jedi en el cine (Coliseum, si la memoria no me falla) y por tanto una parte de mi corazón siempre pertenecerá a La guerra de las galaxias, a Han Solo y a Obi Wan Ken-Obi. Así que sentado en un cine de Barcelona junto a otros centenares de fans (aunque yo estaba currando, que conste) sentí durante unos instantes el mismo cosquilleo que experimenté cuando escuché la Marcha imperial de John Williams.

Siéndoles sinceros, el evento fue bastante aburrido, la idea de ver vía satélite una rueda de prensa donde un periodista soso (el guaperas Anthony Breznican, que supongo fue elegido por su pelazo. Lo sé, ya es la segunda vez que digo ‘pelazo’ en este post. Prometo no hacerlo una tercera vez) hacía preguntas obvias que cumplían su función a la perfección: no revelar nada de la nueva entrega que esta por llegar (diciembre en nuestro país) para que los fans lleguen todo lo vírgenes posibles al estreno.

Ahora bien, si me pasé una hora escuchando respuestas poco emocionantes en una ceremonia absolutamente endogámica, valió la pena quedarme hasta el final para ver (dos veces) el nuevo tráiler del filme en pantalla grande. Como ya lo habrá visto todo el mundo puedo decir que lo mejor es el final cuando aparecen Han Solo y Chewbacca. Allí hubo emoción sincera. Se lo juro.

También entiendo que a muchos/as lo de Star Wars les parecerá ya un coñazo insoportable y que lo mejor sería dejarlo ya en paz de una vez. De hecho, yo mismo creo que se haría un favor a la humanidad si se quemaran los negativos de La amenaza fantasma, El ataque de los drones y la otra, cuyo nombre no recuerdo (bueno, de hecho no estoy muy seguro que la segunda se llamara El ataque de los drones) en un plaza pública.

En cualquier caso, esta semana no he ido al cine porque he estado ocupado presentando cosas varías en un festival de televisión, así que no les puedo hablar de nada de lo que no les hubiera hablado antes. Podría repetirme pero si ya de primeras resulto aburrido, de segundas provoco impulsos asesinos.

Como último apunte: decirles que ayer volví a tener ese sueño en el que me levantaba y me daba cuenta de que fuera se estaba produciendo el Apocalipsis así que me ponía a vestirme para salir de casa pero no encontraba unos calcetines. O sea, que el sueño transcurría en mi casa, con explosiones y tsunamis de fondo mientras yo no conseguía encontrar unos calcetines. No sé porqué pero la idea de asomarme al fin del mundo descalzo me parecía aterradora.

Ahora mismo Freud se iba a poner las botas conmigo.

Les abrazo y todo eso,
T.G.

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