Anarchy

 

Hola señores y señoras,

 

¿Qué tal?

 

Espero que vieran ustedes/as (como vi yo) el lamentable espectáculo de nuestros políticos con el llamado “cañonazo”. Pocas veces se ha televisado un ridículo mayor en nuestra historia reciente (y mira que estaba el listón por las nubes). Pero así son sus señorías, intentando legislar sobre internet cuando apenas saben escribir.

 

Qué gusto de país, dan ganas de tirarse por el balcón.

 

Y de cine, ¿qué? Pues ya ven, la taquilla suicidándose cada fin de semana. Montoro sudando de cualquier tipo de esfuerzo colateral (la bajada del IVA) y la población repitiendo aquello de que “el cine español es malo”. Cuando vean La isla mínima y El niño, ya me lo dirán.

 

Y dicho todo esto, parte de mi habitual discurso optimista, pasemos a las novedades de la semana. Son alrededor de media docena pero les hablaré de dos porque –francamente– tampoco es que sea para tirar cohetes.

 

La primera es Sex tape (aquí titulada Algo pasa en la nube). Para los lectores masculinos es importante que sepan que Cameron Diaz sale desnuda y se conserva extremadamente bien. Para las lectoras femeninas decir que sale Jason Seger y que, aunque se ha adelgazado mucho, sigue siendo el tipo alto y raro de siempre. A ver, yo no digo que sea feo, pero como hombre objeto no cuela. Y si la cosa va de que es la pareja de Cameron Diaz, pues tampoco cuela.

 

Algo pasa en la nube explica la historia de una pareja que, vencida por la monotonía de la vida conyugal (los niños y blablablá), decide grabar una cinta de sexo casero. Lo malo es que en tiempos modernos uno tiene que tener mucho cuidado con los botones que toca y lo que acaba sucediendo es que el torpe marido lo cuelga sin querer en la nube, con lo que muchos colegas pueden acceder al material.

Así que marido y mujer se lanzan a una loca carrera por confiscar todos los Ipads donde parece estar contenida la información.

 

El primer problema de la película es su evidente (e inevitable) obsolescencia programada: dentro de un par de años la nube será otra cosa y la película se verá como una antigualla. Supongo que les importa un pito, pero había que decirlo.

 

Lo segundo es que la pareja no cuela. Así de sencillo. Es obvio que él está en el filme por su (innegable) vis cómica, pero, más allá de eso, es pedirle peras al olmo que un espectador se trague que ese señor está con esa señora.

 

Lo tercero es que la película tiene una excusa muy pequeñita y que además el núcleo es inofensivo. Imagínense ustedes grabando una cinta porno con su pareja y que esta se cuelgue por error en la nube y que sus conocidos tengan acceso a ella. Aunque sea una comedia, habría que percibir esa tensión y lo cierto es que aquí no se percibe en absoluto.

 

Lo cuarto es que esta es una comedieta divertida, que pasa rápido, que tiene cinco o seis gags geniales y que ellos (independientemente de que uno se trague ese matrimonio) están muy bien. Por tanto, si no desean complicarse la vida y pasar una hora y media de su vida en formato ligero, con unas cuantas risas en el camino, esta es su película. Si busca usted/a algo más complejo y elaborado huya. Pero corra.

 

La segunda película que –sorprendentemente– es entretenida (muy entretenida) es la secuela de The purge, un filme que a mí me parece regular y hasta pretencioso, pero que en esta segunda entrega se olvida de las hombreras y se dedica a divertir al espectador. En ese sentido del espectáculo está lo mejor de La noche de las bestias (así se llama), que recuerdas a esas pelis italianas de los ’80 como Los guerreros del Bronx. Además, el protagonista es Frank Grillo, un actorazo de pura raza (sólo hace falta ver Warrior para darse cuenta de ello) y la peli es un pepinazo en el sentido puramente rítmico.

 

Ya saben de qué va el tema: durante una noche en Estados Unidos el crimen es legal y uno puede hacer lo que le dé la gana sin que la ley haga nada para detenerlo.

Obviamente, los ricos se protegen en sus fortalezas mientras que los que no tienen donde caerse muertos acaban en un agujero o en un contenedor.

 

Aquí se añade la idea de un vengador y una pareja que parece haberse caído de un guindo, lo que le otorga a la receta un plus de maldad (de serie B) que se agradece.

 

Estrenan más películas, pero yo no iría a verlas.

 

Abrazos/as,

T.G.

 

 

 

 

 

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