salvajes

 

 

¿Qué tal señores y señoras?

 

¿ Han ido ustedes a ver Perdida y La isla mínima? Francamente, no sé que esperan, deberían CORRER a las salas de cine porque ambas no son para ver en la tele, aunque eso seguro que ya lo saben.

 

Esta semana (o sea, este viernes) va a haber sensaciones encontradas pero –aun así- encontramos una joya y una película entretenida, así que no vamos a quejarnos.

 

Mientras tanto, en este nuestro bonito país, no dimite ni Cristo. Ya puede haber robado con las dos manos, o haber gastado 10.000 euros en sus propios restaurantes, o llamarse Rodrigo Rato (uno de los mangantes más extraordinarios de los últimos años) que no hay tu tía. Aquí lo de asumir responsabilidades y dar un paso adelante (o atrás) no se lleva. Luego se extrañarán que el de la coleta arrase aquí y allí.

¿Cómo cojones no va a arrasar? Cualquier persona que vea hoy en día las siglas PP o PSOE preferiría dejarse picar por un escorpión que volver a votarles. Otro día hablaremos de la paradoja de que un partido denominado popular te acuse de populista: debería estudiarse en las escuelas de política.

 

(no, a mí no me va lo de Pablo, pero entiendo que estemos todos hasta los huevos y queremos que reviente. De una puta vez)

 

Dicho esto, vamos con las mamarrachadas de la semana.

 

Las tortugas ninja.

 

Sí, lo voy a repetir: Las tortugas ninja.

 

Pensaban ustedes que habían dejado atrás esa cosa, ¿eh? ¿Pues no va el manazas de Michael Bay y se casca un remake?

 

Y como ya imaginarán es un auténtico horror, un coñazo inconcebible que –como ya imaginarán también- funcionó muy bien en Estados Unidos. Eso quiere decir que es muy probable que tengamos que tragarnos una secuela del remake. Así, por el morro.

 

La historia ya la saben: unas tortugas, una rata, blablablá.

 

Pasemos a otra cosa.

 

The equalizer.

 

Esta es muy entretenida, básicamente porque a mí me gustan las películas donde dan hostias como panes y en esta se ponen hasta las cartolas (que dirían en Bilbao). Denzel Washington, que siempre cuela, interpreta a un soldado de operaciones especiales que trata de vivir una vida tranquila pero que al conocer a una prostituta maltratada por unos mafiosos rusos decide que ya lleva mucho tiempo sin asesinar a unos cuantos villanos.

 

Yo me lo pasé bien, pero ya me conocen.

 

La última (y mejor) es Relatos salvajes.

 

No quiero contarles mucho, simplemente decirles que es una película que habla de lo qué pasa cuando nos ponen contra la pared y decidimos dejar de comportarnos educadamente para hacerlo cómo nos apetece.

 

Es una de las películas más salvajemente ácratas y políticamente incorrectas que hemos visto en nuestro país además de una cita ineludible con su sala de cine más cercana.

 

Eso sí, no me salgan luego a la calle con ganas de quemarlo todo, y si lo hacen tenga el buen juicio de taparse el rostro y no dejar huellas dactilares.

 

Abrazos/as,

T.G.

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