Señores y señoras,

¿Cómo están ustedes?

Supongo que ya habrán visto Mad max. Aunque la película debería llamarse Charlize Theron, porque ella es la auténtica protagonista. Es la película más brutal que verán en mucho tiempo y la demostración de que un tipo como George Miller (un veterano del copón) tiene más energía en sus venas que Ridley Scott, Michael Bay y Luc Besson juntos.

Para aquellos de ustedes amantes del cine de acción de los ’70, Mad max (este Mad max) puede ser la película de su vida. Una gigantesca persecución al límite, con tanta imagen icónica, tal filigrana estilística y tal habilidad narrativa que cuando salen los títulos de crédito el cine huele a gasolina.

Y ahora, siguiendo la tradición iniciada hace unos meses en los que les atormento con mis propios problemas (como si ustedes no tuvieran los suyos) con ágil prosa y deliciosa ironía… cuando en realidad lo que me apetecería es coger una cucharilla de café y salir a la calle a metérsela en el ojo a todo aquel peatón que se cruzara en mi camino, aleatoriamente, como un psicópata cualquiera.

Lamentablemente no consumo café y no tengo cucharillas, así que me veo obligado a escribir en este blog en lugar de salir a la calle a sembrar el pánico.

El sábado, estando yo en Cannes, mi hermana me llamó a primera hora de la mañana para decirme que el cirujano había visto a mi padre, de urgencias, y le había dicho que iba a ser difícil salvarle las piernas. Así, tal como lo oyen.

Obviamente, yo cambié mi vuelo para poder volver a casa y que le dieran por el culo (perdón, por el recto) a Cannes.
Cinco horas después volví a recibir otra llamada: “a papá le han puesto el antibiótico y está mucho mejor”.

Bueno, ahí ya pensé que la medicina es sumamente laberíntica y que seguramente no tenía suficiente información la primera vez. Uno no pasa de “te voy a cortar las piernas” a “ qué bien te ha sentado el antibiótico, oye”. A menos que hayas estudiado medicina en el Cirque du soleil.

Volví el lunes. Fui a ver a mi padre. El hombre no estaba bien. Sus piernas seguían ahí. “Evoluciona bien”, me dijo el médico.

Hoy es miércoles. Mi padre está aislado en una unidad especial porque al parecer tiene una potentísima infección vírica en las piernas que podría afectar a otros pacientes y extenderse por el hospital.

Repasemos.

1) Te corto las piernas.
2) Qué bien el antibiótico.
3) Evolucionas bien.
4) ¡AISLAD A ESTE HOMBRE, RÁPIDO. TRAED LAS CORTINAS DE CAMUFLAJE!

Mi padre, un hombre que habla menos que Harpo (¿era Harpo, no?) está desconcertado. Lo veo por esa mirada de búho cocainómano que se le ha quedado. Estoy seguro de que si mañana el cirujano fuera a verle y le dijera “señor García, hemos estado hablando entre nosotros y hemos decidido que lo mejor sería criogenizarle y devolverle a la vida en 2097 cuando tengamos la medicina adecuada para curarle. Dígale a sus hijos que compren hielo porque vamos justos de presupuesto y la máquina consume una barbaridad”, él se limitaría a mirarle y asentiría con la cabeza.

Mañana, cuando vaya a verle, me tendré que poner bata, guantes y una mascarilla. Como si en la habitación del pobre hombre alguien hubiera hecho estallar una bomba sucia (ya saben, esas que llevan una pizquita de uranio, lo justo para matarte de cáncer en un par de días) y yo fuera Grissom.

Me imagino que pensaría yo si un amigo viniera a verme con bata, mascarilla y guantes y todo el mundo me dijera “pero no es nada grave, ¿eh? Tú tranquilo”. Claro, claro, pero idme pasando la pipa de crack, para que me distraiga.

Estoy por escribir un blog desde el punto de vista de las piernas de mi padre. Se llamaría “Piernas”.

“Hoy nos ha venido a ver el médico. Nos ha dicho que estamos mal, que igual no pasamos de hoy… luego ha vuelto el mismo médico y nos ha dicho que bien, oye, que él lo ve bien. Luego ha vuelto y nos ha felicitado por nuestro aspecto. Más tarde ha vuelto a venir y nos ha dado el pésame. Luego ha venido un cura y nos ha rociado con agua bendita. Luego ha venido la tuna.”

No sé si me explico.

Abrazos/as,
T.G.

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