Perdónenme la ausencia, estaba haciendo unas gestiones… me encanta esa expresión, aunque nunca he sabido muy bien que significa.

Bueno, prepárense para un verano movidito: Toy Story 3D, Origen, The expendables (lo último de Stallone) Piraña 3D, The last airbender, Pesadilla en Elm Street (la reimaginación de un clásico de los 80’), etc.

Lamentablemente aún tendremos que esperar unos días para ver lo que –en mi opinión- será lo mejor del lote: la maravillosa secuela de Toy Story. Una de esas películas para las que vale la pena dejar el sofá y acercarse al cine (con o sin niños eso ya depende de cada uno/a). Pero de eso hablaremos la semana que viene con profusión de detalles y sin dejarnos nada en el tintero.

Antes de empezar con lo que nos ocupará en este magnífico domingo (para los mosquitos y los amantes de eso llamado “lengua de calor” –o algo así) déjenme decirles algo: nada me gustaría más que ponerme a analizar clásicos o películas de serie Z, un servidor creció combinando películas de John Ford y Roger Corman y sería un placer, pero creo que haré más por el bienestar general del lector/a de este humilde blog si dedico mis escasas habilidades al inacabable mundo de la cartelera, ese universo que cada vez se parece más a una chatarrería. Eso sí, prometo que si en un par de meses la cosa no ha retomado el vuelo (cinematográficamente hablando) entonces no me quedará más remedio que empezar de nuevo… empezando por los Lumiere. Será mucho menos ameno pero más didáctico y al menos me ahorraré tener que visionar algunos de esos productos de los que les he venido hablando en los últimos meses.

Bien, y ahora volvamos al tajo. Hoy toca Noche y día.

Empezando por el título (en inglés era un juego de palabras “Knight and day”, “Knight” pudiendo leerse como caballero o noche indistintamente) uno ya puede intuir que la cosa no empieza bien. ¿Quién es el dueño de la maquiavélica mente que viendo que el título es intraducible decide que “ah, vale, pues lo llamamos “Noche y día” y nos quedamos tan anchos”. Les conmino a que envíen ustedes sus currículums a las multinacionales del séptimo arte, necesitan toda la ayuda que se les pueda proporcionar.

Dicho esto, Noche y día es un suprema soplapollez… lo sé, discúlpenme por el lenguaje, seguramente debía haber dicho “memez” o “tontería”, pero es que estoy un pelín molesto. De acuerdo, disfruto con las superproducciones como cualquier otro y soy capaz de tragar con cualquier estupidez con tal de no bostezar pero lo de esta película es excesivo.

El agente secreto de brillante armadura y sonrisa de piano (sin las teclas negras) y la patosa mujer de ojos infinitos que desea abandonar la monotonía y se ve envuelta en las aventuras del primero podría hasta sonar bien al neófito, sin embargo cuando el agente es Tom Cruise y la patosa es Cameron Diaz sería mejor ir al jardín botánico, desnudarse y arrojarse contra un cactus, a ser posible uno que tuviera muchas espinas.

“Ya está, que exagerado es” pensarán algunos/as de ustedes, pero no amigos/as, estoy siendo muy generoso con un filme que rebasa los límites del entendimiento y que representa un paso atrás para la civilización occidental. Desde la primera escena, en el avión, hasta el encierro con toros digitales el embrutecimiento de la trama sólo satisfacería a un hombre: Kafka, y es posible que hasta él acabara rompiéndose los dedos del pie con un martillo para hacer más llevadera la experiencia.

Señores/as: Noche y día no hay por donde cogerla, es un derroche de dinero y recursos que demuestra la sequedad a la que ha llegado la materia gris que rige los destinos de Hollywood. Igual alguien se ha entretenido y mis reticencias ante el hombre-dentadura y la mujer-caniche se deben al intenso calor que nos invade y que me hace desear la muerte de muchos/as de mis semejantes, incluyendo a mi vecino y a su niño, el que toca el tambor a las seis de la mañana.

Díganme que me equivoco y que la película es buena… por favor.

Un abrazo amigos/as y que sea leve la vuelta al trabajo (si tienen ustedes la suerte de trabajar),

T.G.

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