Queridos y queridas,

 

¿Qué tal están?

 

Y al tercer día he resucitado.  No busquen paralelismos, por favor.

 

Todo por culpa de los malditos Oscar.

 

No ha sido fácil. A mis 46 años, eso de pasarme la noche despierto y tener que trabajar al día siguiente (autónomo, ya saben) me ha causado problemas físicos como ver medio mal de un ojo, que se me duerma una mano y que me caiga mal el vecino. Bueno, esto último ya venía de antes, lo reconozco.

 

Hoy ya es jueves y aún estoy cansado. Menos mal que los Oscar solo son una vez al mes, sino ya podrían pasar por la capilla ardiente a ofrecer sus condolencias.

 

La ceremonia fue como una película de Angelopoulos (ya saben, una cosa tediosa e inacabable) que pasé mejor porque estaba en compañía de amigos y con ganas de rajar. Pero cuando eran las 4 de la mañana empecé a pensar en mi cama y casi caigo redondo. Claro, luego llegué a casa a las 6.30 y no podía decirle a mi amado chucho que es que habían sido los Oscar y que lamentándolo mucho tenía que irme a dormir y no podía sacarle a pasear. Así que le saqué, claro. Groucho se lo merece todo.

 

¿Y de los premios? Pues que excepto el Oscar a mejor película (que fallé en mi quiniela, como ya han podido comprobar), todo fue como yo y la mayoría del mundo civilizado habíamos previsto. Mi mayor acierto fue acertar el mejor guión a Déjame salir, porque esa era la categoría más difícil.

 

Lo de mejor película y eso que a mí La forma del agua me encanta, me dejó un poco sorprendido. Creo que Tres anuncios es la peli que debía haber ganado, más allá de consideraciones críticas, porque La forma del agua es una película que se enclava en el género fantástico y ya sabemos que el terror, la comedia y la fantasía no son del gusto de los académicos… o no eran.

 

Lo demás, pues bueno. Algunos discuten lo de Gary Oldman porque iba maquillado como Joaquín Reyes pero a mí me parece bien como colofón a la carrera de un actorazo al que ya le tocaba saborear estas mieles. Nadie discute lo de Francesc McDormand o Sam Rockwell porque no hay nadie tan idiota.

 

Como era obvio, Dunkerque se llevó los premios técnicos porque hay pocas películas de la última década con el nivel de pericia que demuestra Nolan. A mí me hubiera gustado que se llevara algo más, pero me conformo porque sus competidoras me parecían muy buenas.

 

De la ceremonia, destacaría (como todo el mundo, no pretendo ser original) el momento en que entran en el cine Guillermo del Toro, Lupita, Gal Godot y no sé cuántos más y empiezan a repartir comida con esas pistolas en forma de hot-dog que lanzan hot-dogs. Fue el equivalente al gag del año pasado con el bus de turistas metiéndose en la boca del lobo. Un gran acierto de guión muy bien ejecutado por Jimmy Kimmel, un presentador lacónico pero un excelente comediante.

 

El problema del evento en sí es que la Academia consideró necesario institucionalizar toda la protesta e integrarla en la ceremonia, con lo cual se despojó a la misma de cualquier atisbo de rebelión y se perdió eso tan bonito (y tan peligroso, claro) de la improvisación. Todo transcurrió tan plácidamente que aquello parecía En el estanque dorado, una película muy bonita pero muy aburrida

 

Así se escribe la historia, señores y señoras. El año que viene igual hablamos de otra cosa. O no.

 

Abrazos/as y sean buenas y buenos.

 

Ah, y feliz día de la mujer trabajadora. Que sepan que les adoro a todas ustedas.

 

T.G.

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