Os lo prometo, no os tomo el pelo: no estoy hablando de cine perfecto ni mayúsculo sino de buen cine, cine digno.

Pero empecemos por el principio. En un par de días me voy al festival de Venecia a trabajar un poco. La cosa tiene buena pinta: van a poner el remake de Teniente corrupto, que firma Werner Herzog; la adaptación fílmica del libro La carretera, de Cormac McCarthy, de la mano del novel John Hillcoat; el documental de Oliver Stone sobre Hugo Chavez; el documental de Abel Ferrara sobre Nápoles; la comedia El soplón, de Steven Soderbergh, con Matt Damon al frente del reparto; y –aquí vamos- tres películas españolas: REC2, Celda 211 y Gordos.

De estas tres películas he tenido ocasión de ver dos, REC2 y Celda 211.

La primera es la secuela de la magnífica REC, con la que Jaume Balagueró y Paco Plaza sorprendieron a propios y extraños (que diría el tópico). La segunda la dirige Daniel Monzón y me atrevo a decir que es, de largo, su mejor película.

No puedo entrar en materia como me gustaría porque aún no se ha estrenado ninguna de estas dos películas y a lo mejor los responsables de distribuirlas y promocionarlas se me enfadaban, pero os voy a dar unas pistas, sin chafar ninguna sorpresa, solo para animaros a que las veáis en cuanto se estrenen (casi con toda seguridad ambas participarán en el Festival de Sitges pero supongo que a algunos/as no os caerá demasiado cerca).

REC2 empieza a los 15 minutos de donde lo dejamos con REC. La factura de la película es simplemente alucinante y el primer acto es impecable. En esta ocasión se utilizan tres cámaras diferentes (en el primer acto hay un juego de puntos de vista -que se merece cinco Goyas- a imagen y semejanza de los que James Cameron usó en Aliens, El Regreso remixado con el espíritu de los shoot’em up) aunque me atrevo a decir que la primera, REC, sigue siendo superior.

La cuestión es que da gusto ver una película que intenta moverse por territorios nuevos y que no tiene ningún tipo de complejo. Te puede gustar más o menos pero nadie puede negar que estos tíos piensan, y a lo grande.

Prometo hablar mucho más de ello cinco minutos después de su estreno en Venecia, cuando ya nadie me mire raro por hacerlo.

Celda 211 de Daniel Monzón tiene un par de detalles que no encajan (o eso creo) pero lo cierto, y lo voy a decir en mayúsculas es que es COJONUDA. Su mezcla de política-ficción, thriller y drama carcelario es valiente, aguda y –lo mejor de todo- funciona. Sobre todo, lo que quiero destacar es la brillantez del reparto y especialmente del señor Luis Tosar, quien me atrevo a pronosticar va a sentar cátedra con su personaje de Malamadre. La cantidad de registros que Tosar le regala a su personaje (le quieres, le odias, sientes pena por él o te ríes con sus ocurrencias) no son algo que se vea todos los días en el cine español y no me duele reconocer que acabé con la boca abierta.

Bueno amigos/as, me falta ver Gordos, pero he visto dos buenas películas españolas, en dos géneros diferentes y que no necesitan vivir de renta, ni quejarse de la crisis, ni buscarnos las cosquillas con tonterías. Películas sólidas, hasta rotundas y con una visión cristalina de lo que puede ser nuestro cine si nos lo creemos.

Y me alegro. Mucho.

Ya os voy contando desde Venecia amigos/as.

Cuidaos,

T.G.

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