“¿Qué se habrá hecho de ese señor que solía escribir en estos lares?” Se preguntarán –seguro- algunos de ustedes/as mientras se beben su whisky de 16 años y apuran la pipa.

Vale, igual he exagerado un poco con lo del whisky y la pipa. ¿Lo dejamos en birra y ganchitos?

 

Pues miren, tengo una historia tristísima que contar: primero fue una leve sensación desconcertante (se me durmió una mano… por favor eviten los chistes fáciles), luego ya se convirtió en una tendinitis. El remate fue cuando me pillé la mano (dos dedos, por aquello de ser específicos) con la puerta de casa. Lo de Vietnam fue una broma comparado con el sufrimiento que me ha causado este asunto. Básicamente, porque me he tirado bastantes días escribiendo con un dedo, para luego pasar a no escribir en absoluto.

 

Ya, ya sé, ‘oiga que hay programas de transcripción audio/texto’, pero es que yo no sé hacer esas cosas. Yo tengo que ver el texto en página y trabajar en él con mis ojos y mis manos. No me sirve de nada verbalizarlo. Total: una agonía.

 

Aún tengo el dedo corazón medio jodido, pero para escribir un post me da.

 

Así que hoy vengo aquí a hablarles de una película que se estrena a mediados de abril, pero de la que me han dado permiso para hablar ya. Se llama Un lugar tranquilo y es una película de terror.

 

La dirigir y protagoniza un señor llamado John Krasinski, que me parece muy buen actor y que hasta ahora había hecho cuatro cosillas como realizador y que en esta película se sale del mapa, el muy cabronazo. ¿De qué va? Pues la tierra ha sido invadida por una raza alienígena cuya habilidad para la destrucción va ligada a su facilidad para detectar cualquier tipo de sonido. No ven, no tienen olfato, pero pueden oír un eructo a tres kilómetros. Como consecuencia, cualquiera que quiera sobrevivir a estos bichos tiene que vivir en absoluto silencio.

 

Con esta premisa (algo tramposa, pero tan bien ejecutada que uno se olvida de que lo es) arranca una película que cuenta la historia de una familia de cinco que vive en una granja en medio de la nada. El padre, la madre, dos niños y una niña. En silencio.

 

Ella está embarazada y él se ha asegurado de mantener cualquier sonido alejado de la casa con multitud de trucos y mandangas.

 

Hasta que pasa algo y se desata el infierno.

 

Esta película es una auténtica que mezcla a la perfección los mundos de John Carpenter, David Fincher y –sobre todo- M Night Shyamalan. Hay ecos de Señales por todas partes, así como de El bosque, dos filmes del realizador que no son tan redondos como El sexto sentido o El protegido, pero que son auténticamente cojonudas (y estoy dispuesto a retar a un combate de sumo a aquel/aquella que me lo discuta). Precisa, con el punto justo de delicadeza y la dosis perfecta de fiereza, Krasinski lleva al espectador a un mundo que se ha visto obligado a bajar el volumen para evitar la aniquilación. Y esa parte, la metáfora que a veces se transparenta y otras brilla en su opacidad, de hasta qué punto vivimos inmersos en un universo en el que el silencio ha desaparecido y como ese silencio resulta ahora más violento que cualquier sonido, es la parte que más me interesa. Esa idea de que volver a la esencia de las cosas se convierta en la salvación me resulta fascinante, especialmente al llevar esa idea al extremo.

 

En fin, que no se la pierdan. En serio. Estamos en marzo pero no me extrañaría que se convirtiera en una de las pelis del año y no tengo ninguna duda de que va a romper la taquilla.

 

Veremos.

 

Abrazos/as,

T.G.

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