sinsajo

 

Señores y señoras,

 

¿cómo están ustedes?

 

Les escribo esto cuando aún no ha acabado mi culebrón favorito: el culebrón Monago. Lo último es este pobre hombre explicando que es el presidente autonómico que menos cobra (con diferencia). Luego enseñan que (en realidad) es el quinto que más cobra. Luego sale una señora que enseña un papel de lejos a los periodistas y que dice que demuestra que Monago es pobre. Después se escapa por las cocinas de un sitio mientras una señora dice que es que tiene una reunión ahí dentro. O sea, que el presidente de Extremadura tiene reuniones en las cocinas de los sitios.

 

Muy fan, oigan.

 

Bueno, y que dice que como es el político más popular de España y que por eso quieren acabar con él. Curiosas declaraciones teniendo en cuenta que jamás ha aparecido en ninguna encuesta ni entre los 20 primeros. Supongo que debe referirse a su pueblo, ése donde hay un 62% de paro juvenil. El más alto de Europa.

 

Ah, y lo mejor es el acuerdo al que han llegado el PP y el PSOE para dotar de transparencia a los viajes de los senadores: cada tres meses darán un informe a la prensa que dirá cuántos viajes se han hecho y cuánto se han gastado en total. Vamos, un lujazo.

 

Ah, y que si quieren ustedes mirar los papeles del señor Monago es que son unos pervertidos y unas malas personas porque lo que tienen que hacer es confiar en él, coño.

 

(Y en Catalunya han nombrado número dos de la oficina antifraude a una persona imputada por fraude. Superbien, también).

 

Vamos al cine.

 

Esta semana voy con retraso y he podido ver muy poca cosa… de hecho sólo he visto una cosa: Sinsajo.

 

Miren, yo hace unos años me fui a la premiere de Los juegos del hambre en Los Ángeles. Me considero una persona normal y me leí los tres libros en un santiamén. Me parecieron muy entretenidos (que es justamente lo que yo les pedía) y lo cierto es que la primera película me gustó. Me gustó porque yo tampoco le pedía más: una realización decente, una protagonista carismática (Jennifer Lawrence es cojonuda) y un villano de primera (gran Donald Sutherland).

 

Luego leí a un famoso crítico que decía que era la peor película que había visto jamás (claro, que después el mismo crítico dijo que Los abrazos rotos era poco menos que una obra maestra) y me quedé un poco perplejo. Desde luego, yo no voy a ver una película sobre un libro para adolescentes con la misma mentalidad a la que voy a ver Interstellar. No me parecería justo. De la misma forma que no esperarías lo mismo de una cita con Adriana Ugarte que de una con Ana Mato.

 

Sin embargo, Sinsajo, la penúltima entrega de la serie, me ha dejado un poco cabreado. Primero, no me gusta eso de partir la última película en dos para ganar más pasta. Me parece una puta maldita estafa y una manera burda y bananera de exprimir al espectador. Segundo, creo que es una película hecha de forma descuidada, como si el director estuviera de resaca, y no puedo evitar pensar que hay algo de chicle, de escenas estiradas, porque había que llenar metraje.

 

¿Es entretenida? Sí. Pero le han quitado esa capa de mala hostia, esa pátina anti-sistema que tan bien podía leerse en la primera y hasta en la segunda entrega. A veces me desconcierta ver el interés que tienen algunos por desacreditar franquicias que podrían ser perfectas. Como cuando George Lucas se inventó los Episodios 1, 2 y 3 e hizo que muchos espectadores potenciales quemaran fotos suyas en la calle y tiraran la saga al contenedor.

 

En fin.

 

En Sinsajo, ya hay guerra abierta entre el presidente y la heroína y se nota que ahora han tirado la casa por la borda en los efectos especiales y han ahorrado en diálogos. Lawrence sigue estando magnífica y sale mi querido (y añorado) Philip Seymour Hoffman, lo cual ya es motivo sobrado para ir a verla.

 

Pero vayan en martes o miércoles, que es más barato.

 

Abrazos/as,

T.G.

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