Ando algo alterado esta semana.

Se lo digo para que no tengan en cuenta los desvaríos que pueda soltar en este post.

Por supuesto también quiero advertir al señor Teletransporte que aunque yo recomiende un par de películas en las próximas líneas eso no significa que le vayan a gustar e incluso podría darse la circunstancia de que le parecieran horrorosas. Si esto último sucediera –Dios no lo quiera- quedo eximido de toda responsabilidad… ya se sabe que luego el señor teletransporte carga sus frustraciones de cinéfilo reprimido (a él le chifla el cine aunque no lo sepa y alegue toda clase de excusas para no acercarse a las salas) en mi persona. Cada palo que aguante su vela y los que se atrevan que aguanten varias.

Pero decía que ando algo alterado, y eso es porque me fui a ver Rango, la película de animación “protagonizada” por Johnny Depp, y salí profundamente afectado por la misma.

Rango, para aquellos y aquellas de ustedes que no lo sepan, es un homenaje al western (la variedad que se rodaba en Almería, normalmente con señores italianos detrás de la cámara y al que añadían el nombre de un tipo de pasta delante de “western” para que quedara claro que hablaban de otra variedad) encabezada por un camaleón que llega a un pueblo con la intención de pasar desapercibido para verse de inmediato metido en un pifoste de esos que no cabrían ni en la cúpula del Reichstag.

El pobre camaleón se ve así metido en un mar de duelos entre montañas de arena, enfrentado a una tortuga terrateniente y a un montón de reptiles, anfibios y demás, con los que tendrá que lidiar a sangre y fuego.
Por si acaso les diré de antemano que el guión de la película es mejorable (no “muy mejorable” sino simplemente “mejorable”) pero no molesta y en algunas ocasiones hasta chuta y todo. Lo bueno del caso es que en Rango lo del guión es lo de menos ya que lo que me ha dejado alterado (y aquí llego al quid de la cuestión) es lo impecable, increíble, brillante, brutal de su animación. Realmente es la primera vez en la que veo a alguien (en este caso tres compañías como Paramount, Blind Wink y el canal Nickelodeon) llegar al nivel de brillantez de Pixar. Claro, cuando uno bucea un poco más se da cuenta de que el proceso lo ha llevado a cabo la Industrial Light & Magic, es decir, la empresa dedicada a los efectos especiales más grande y poderosa del mundo mundial.

Así se explican los búhos mariachis, la rata, la tortuga y todos los demás bichos que alcanzan un nivel de genialidad que está al alcance de unos pocos elegidos.
Toda la acción, el fuego, las explosiones, los derrumbes, el pueblo, la arena, alcanzan un horizonte de grandeza que compensan con mucho los malditos ocho euros gastados para ver la película. Además, Dios mediante, la película no es en 3D (un milagro, sin duda) y sus maravillosas dos dimensiones se agradecen más que nunca. Además, la película está repleta de homenajes cinéfilos, algunos de ellos gloriosos, que no pueden dejar de disfrutar. ¿Necesitan más reclamos?.

Naturalmente, si no van ustedes con críos (o sus crios no hablan inglés o no son lo suficientemente mayores para apañarse con los subtítulos) deben –obligatoriamente- acudir a la versión original. Créanme, con gente como Ray Winstone, Bill Nighy, Alfred Molina o Ned Beatty en el reparto no quieren perdérselo por nada del mundo.

Dicho esto, que Rango es una jodida maravilla, déjenme ilustrarles con más información… prescindible, pero información al fin y al cabo.

Este fin de semana también se ha estrenado Tiempo de brujas (la de Nicolas Cage, no haré más comentarios); Destino oculto, una buena película (que no excelente) de Matt Damon, que siempre está estupendo o casi; Bienvenido al sur, que pasa por ser tan poca cosa como el original, que era muy poca cosa; y por último, Ispansi, que no he visto pero de la que me han contado auténticas barbaridades. Como es la española de la semana prometo ir a verla en los próximos días para dejarles aquí con mis impresiones.

Ah sí, me olvidaba de una cosa que se llama Mañana, cuando la guerra empiece, que parece un remake delirante de Amanecer rojo (aquella película cojonuda de John Milius, que molestó a todo el mundo excepto a mí) y a la que no le doy más importancia: no está tan mal como cabría pensar ni lo suficientemente bien como para que se la recomiende.

Prometo ver algo malo (o muy malo) esta misma semana para soltar mi acostumbrada ración de exabruptos… sé que ustedes lo disfrutan sobre manera y no puedo negarles un poco de diversión en los tiempos que corren.

Abrazos/as a todos/as ustedes/as y buena semana,

T.G.

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