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Señores y señoras,

Vaya racha de escribir que llevo, ¿eh? Creo que la depresión (o la medicación que tomo para combatirla, o los ansiolíticos, o los calmantes, o el alcohol o la maravillosa combinación de todos estos elementos) me impulsa a hacer posts de manera compulsiva, como si Camilo José Cela se comunicara conmigo y yo entrara en un trance literario maravilloso que acaban dando como resultado estos horribles bloques de texto que ustedes –incautos- leen para matar esa sensación de no pueden estar peor.

Bien, leyéndome ya lo saben: podría ser peor.

Además, me he dado cuenta de algo terrible: desde que he entrado en esta fase de tristeza insulsa y vulgar, no veo ninguna película que me guste, ni una. No hay manera. No es solo que no me apetezca ver nada (lo cual, trabajando de lo que trabajo, no es un mal menor) sino que todo lo que veo me parece una porquería, una basura, un container mal precintado, un gemelo de Carlos Floriano, el pelo de Pujalte, el peinado de Rosa Díez… la sonrisa de Monago.

Todo el mundo me ha dicho lo maravillosa que es Puro vicio y lo mucho que disfrutaron lo de Cronenberg y blablablá y yo trato de no bostezar y contener mis impulsos homicidas.

Esta semana he visto Focus. La he visto y no sé si ya he hablado de ella en este delicioso foro. En cualquier caso si ya lo hice, lo voy a volver a hacer.

Focus es una película, tipo El golpe (con todos mis respectos para esa maravillosa película de Robert Redford, Paul Newman y Robert Shaw), con un estafador de primera clase (Will Smith, que hace 20 años que no hace una película interesante) que quiere dar el golpe del siglo. El tipo tiene un equipazo, unos métodos ultramodernos (que no se los creería ni Fernando Tejero) y la infraestructura suficiente para triunfar como la Coca-Cola.

Además, conoce a una señorita muy atractiva (la espectacular Margot Robbie, aquella criatura que nos fascinó en El lobo de Wall Street) que parece que le va a venir de perlas para sus planes.

Lo más interesante de la película es que Will Smith (que para los menos observadores añadiré que es de raza negra) tiene por primera vez en su carrera cinematográfica un romance con una señorita blanca (efectivamente, Margot Robbie es blanca). A nosotros este tema nos la trae bastante al pairo (no es que no seamos racistas –lo siento amigos y amigas, lo somos un rato) sino que nos importan un pito los malditos romances de Will Smith.

Hasta mi comentario socio-antropológico del filme y –supongo- la gran baza del filme con las audiencias estadounidenses para que picaran y fueran a ver la película.

Y ahora voy a dar mi opinión, mesurada y –como siempre- perfectamente articulada de la película: vaya coñazo.

Primero es que no me creo nada de nada. Ni a Will Smith de estafador, ni a Rodrigo Santoro de rico medio lerdo, ni a Margot Robbie de aprendiz de truhán, ni nada de nada.

Segundo, que porque cada treinta segundos hay un giro dramático tremendo que se supone debe sorprender al espectador y dejarle pegado a la butaca: EL PRIMO DE LA CUÑADA DE LA AMIGA RUBIA DE LA TIPA QUE VIMOS LIGERAMENTE AL FONDO EN EL PLANO SECUENCIA ERA EN REALIDAD EL HERMANO PERDIDO QUE ESTABA CONCHABADO CON EL ABUELO DEL QUE SE ESTÁ LLEVANDO TODO EL DINERO EN UNA BOLSA DEL CARREFOUR.

Pues así todo el rato. Ahí hasta un homenaje –involuntario- a El imperio contraataca y tantas escenas sin ningún tipo de sentido que me dieron ganas de levantarme, coger mi pequeña petaca de gasolina (que siempre llevo en casos de urgencia), rociar la pantalla, pedir un mechero a mis compañeros periodistas y sentarme a ver cómo arde la sala.

Después pensé en que la gasolina es muy cara y que en mi situación actual la cárcel podría no ser un buen sitio para vivir.

Hay varios momentos en que la idea de salir a la calle a estrangular peatones aleatoriamente puede asaltar a algún espectador. Aconsejo contener esos impulsos homicidas, pero si deciden seguirlos no mencionen este blog.

Lo peor de todo (ya lo verán si se atreven a verla) es una escena en la final de la Superbowl con el peor actor chino que habrán visto jamás. Yo creo que el director de casting se propuso encontrar al peor actor chino posible. Hizo miles de pruebas y finalmente encontró a uno que lo hacía tan mal que le fue imposible rechazarlo. Y para acabar le pusieron un bigote que convertía al pero actor chino del mundo en el peor actor chino más feo del mundo.

(Ahora saldrá algún listillo/a a decirme que no, que el actor es coreano. Pues oiga, el párrafo se queda así)

Volveré, pronto, con este tono positivo que me caracteriza. Ahora les dejo un momento que tengo que ir al baño a clavarme un sacacorchos en la rótula.

Abrazos/as,
T.G.

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