Vale, he tardado un poco en volver, pero ha sido por su bien (no sé, alguna excusa tengo que buscarme). He visto Los pitufos y los Power rangers, pero creo que van a preferir que no les hable de eso. Vamos, si me exigen ustedes vía comentarios que les hable de esas dos ‘películas’, pues yo me adapto. De momento, asumiré que no lo desean.

 

En cambio les hablaré de Life. Esa película defenestrada por los gurús del séptimo arte al grito de “es una copia de Alien”. Yo entiendo que hay que darle gasolina a las masas, porque no sea que en algún momento se apague la pira funeraria y a ver cómo volvemos a encenderla.

 

Yo me considero muy cinéfilo, me crie a base de westerns, de películas de la clave, de artes marciales, de cine bélico, de sesiones dobles. Mientras los otros niños se ponían finos en el parque, yo estaba en el puto videoclub buscando películas. Así descubrí a Ford, a Wilder, a Lubitsch, a Wyler, a Minnelli y a mil más. Por tanto, me creo capaz de ver los referentes (o la inspiración, o cómo demonios quieran llamarlo) en cualquier película, y –créanme- todas los tienen, al menos si hablamos de cine moderno.

 

Por tanto, estoy más que acostumbrado a la cantarela de “es que igual que x” y uno acaba por acostumbrarse. Muchas veces tienen razón y estamos ante una simple fotocopia de algo que hemos visto antes, sin más. A veces la copia es mejor que el original, pero no pasa mucho.

En otras ocasiones, y aun viendo el referente, uno es capaz de mirar un poco más allá y de disfrutar del invento. Puede haber diferentes razones para ello: la primordial es que te apetezca algo entretenido, algo que te aleje un poco de un día de mierda, por ejemplo.

 

A algunos/as les apetecerá un cine más profundo (aunque también recomiendo la última de ese genio llamado Kaurismaki, El otro lado de la esperanza, con la que me reí muchísimo) y prefieren ver una de Haneke. Totalmente respetable.

 

Yo prefiero ver una de ciencia-ficción. O de terror. O una del oeste.

 

El caso es que con Life, en la que un marciano se mete en una nave con consecuencias altamente previsibles, me lo pasé pipa. Me recordó más a La Cosa que a Alien, pero incluso así me resultó extremadamente sencillo desconectar mis resortes referenciales y disfrutar la película en su génesis: marciano cabrón que va a matar a la tripulación uno a uno, sin reparar en gastos.

 

Me encantó la dirección (tensa, malintencionada), el guión, que apuraba al máximo las posibilidades de una historia que ya hemos visto unas cuantas veces, y el reparto, esos seres anónimos que aceptan morir de formas horrendas… solo que esta vez no eran anónimos: eran Jake Gyllenhaal, Rebecca Ferguson y Ryan Reynolds. Ahí es nada, muchachos y muchachas.

 

Espléndida propuesta, con esplendidos efectos especiales y espléndida banda sonora.

Dos horitas de felicidad cinéfila sin más complicaciones.

 

Y de bonus les voy a recomendar una auténtica obra maestra de la animación. Se llama Your name y es de las películas más bonitas, profundas y delicadas que he visto en lo que va de año. Su director se llama Makoto Shinkai y muchos/as opinan que es el sucesor de Hayao Miyazaki (a mí me parece mucha presión, pero veremos). De momento, Your name, es el anime más taquillero de la historia en Japón, superando a El espíritu de Chihiro.

 

Si pueden (en algunas partes de España será complicado), no dejen de verla: es una maravilla.

 

En un par de días les hablaré de John Wick 2, la secuela de la estupendísima, cojonuda y gozosa John Wick.

 

Abrazos/as,

T.G.

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