Hay días en los que uno no debería levantarse de la cama. Hoy es uno de esos días.

¿Saben esos días en los que estás apagando fuegos desde primera hora de la mañana? ¿Saben esos días en los que cuándo crees que ya está todo extinguido y de pronto te das cuenta de que tienes llamas en la espalda? Pues así estoy yo, amigos y amigas. No me tenía que haber levantado, pero aquí me tienen.

 

Ay, señores y señoras.

 

¿Ya han visto Jurassic world? Pues deberían.

 

No esperen a verla en el ordenador, o en el móvil. O en la tele de 60 pulgadas. A ver, no es que al bueno de JA Bayona le vaya la vida en ello, pero lo cierto es que encontrarán pocas películas tan entretenidas como esta. Se lo aseguro.

 

Conozco a J (el director del filme) desde hace años. Barcelona es una ciudad pequeña y nos conocemos todos, si encima lo reduces a los ambientes de la cinefilia, ni les cuento. Recuerdo unas cuantas noches con unas copas de más (yo; él menos) hablando de Richard Donner, de Spielberg, de Superman, de Frank Marhsall y de cine. De cine, todo el puto rato.

 

J es una puta enciclopedia viviente, además de un tipo muy majo, nada castigado por la fama. Ni siquiera después de haber reventado la taquilla española con El orfanato, Lo imposible, Un monstruo viene a verme y ahora esta entrega de la saga jurásica. Bayona ha crecido con el cine de los 70 y los 80, con Superman, Los goonies, Regreso al futuro o Lady Halcón. No solo ha crecido con ellos, sino que los ha procesado con la sabiduría de alguien que cree que son algo más que diversión, de alguien que advirtió que un día (no muy lejano, quizás) serían referentes. Alguien que un día se atrevió a soñar y que ahora reina en la taquilla mundial.

 

La película (la segunda de una nueva trilogía) arranca con el parque de la isla Nublar sumido en el caos provocado por la erupción de un volcán. Los dinosaurios están a punto de extinguirse otra vez, y como en la última ocasión, es la propia naturaleza la que va a ocuparse de ello. Sin embargo, no todos están conformes con dejar que el volcán se lleve a los dinosaurios por delante.

 

Así es como entra en juego uno de esos ricos hijos de perra que propone una misión de rescate para llevar a los animales a un sitio seguro. No voy a hacer spoilers, pero digamos que la cosa se tuerce un poco ya de entrada.

 

Los protagonistas son los mismos: Chris Pratt y Bryce Dallas Howard, con una aparición especial de Jeff Goldblum y unos cuantos actores de nuevo cuño. Pero lo que importa de verdad es la habilidad del director para construir sets de acción que harían sonreír al mismísimo Steven Spielberg. El primero (bueno, el segundo para ser exactos) es de los más espectaculares que un servidor ha presenciado en pantalla grande en mucho tiempo. No quiero reventarles el asunto, solo decirles que incluye a un centenar de dinosaurios, a nuestros protagonistas, a un montón de lava y a un barranco con caída al mar.

 

Lo más extraordinario es la capacidad de Bayona para dejar su huella en una película de encargo, de forma que aunque no llevase su nombre en los títulos de crédito, sería imposible no pensar que Jurassic world: fallen kingdom es obra suya. Toda la parte del metraje que transcurre en la mansión, el personaje de la niña, la relación de Pratt con el velociraptor. Todo lleva el sello del director grabado a fuego.

 

Ser capaz de meter tu esencia en una peli de 200 millones de dólares. No es moco de pavo, señoras y señores.

 

Cierto que hay agujeros en el guión y que este no resistiría ningún análisis formal, pero si uno se olvida de todo y piensa que se encuentra ante un espectáculo de entretenimiento inigualable, no tengan dudas de que se lo van a pasar pipa. Pipa.

 

Hala, yo ya se lo he dicho. Ahora hagan lo que les salga del arco del triunfo.

 

Abrazos/as,

T.G.

 

 

 

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