He vuelto, otra vez. Me paso la vida volviendo… supongo que es bueno.

He visto montones de películas pero voy a empezar hablando de la que me ha impresionado más. Y -ojo- es una película ESPAÑOLA.

Efectivamente, amigos y amigas. Yo soy el primer sorprendido, porque tengo poca confianza en el cine patrio. Entre Almodóvar, la Coixet y Santiago Segura han conseguido acabar con cualquier atisbo residual de fe que corriera por mis venas.

No, no es Cuerpo de élite, esa también la he visto, con indisimulado horror. Me reí dos veces, y debo advertir que los mejores chistes están en el trailer. Y si esos son los mejores, imagínense como son los demás.

La película que me ha entusiasmado sobremanera se llama El hombre de las mil caras y se estrena el 23 de septiembre. Cuenta la historia de ese espía con más cara que espalda que engañó a un país entero con una sola mano porque tenía la otra ocupada con un cigarro.

Su nombre es Francisco Paesa, en 1996 fingió su propia muerte y -según dicen- se quedó los ocho millones de euros que le había confiado un hombre llamado Luis Roldán, que siendo director de la guardia civil se dedicó a embolsarse los fondos reservados, más tarde se dio a la fuga y al final acabó protagonizando una delirante entrega en Laos.

El hombre de las mil caras la dirige Alberto Rodríguez (que ya demostró talento de sobras con Grupo 7 y La isla mínima) con una clase y una elegancia que si me dicen que el responsable de la peli es Martin Scorsese yo voy y me lo creo. Diré más: este tipo no durará mucho en España porque vendrá alguien de Hollywood (o de Bollywood) y se lo llevará.

Dos horas de deliciosa narración, con una deslumbrante dirección de actores. El primero (Paesa) es ese gigante llamado Eduard Fernández, un actor que se lo come todo, incluyendo a sus compañeros de reparto; el segundo un intérprete magnífico como José Coronado, que lleva ya mucho tiempo demostrando que es una garantía. Y el tercero es Carlos Santos, al que le toca bailar con un personaje como el de Luís Roldán, y que se maneja como pez en el agua.

Ya de paso, la peli demuestra que la historia de España es tan interesante como el salvaje oeste o la edad media en Francia, que se trata -simplemente- de ser capaz de buscar el enfoque correcto y de narrar la historia como si te importara. Cualquier material es susceptible de ser buen material si se procesa correctamente.

Les recomiendo que no se la pierdan. Y ya de paso, a ustedes, los hombre de este blog, si quieren sentir la masculinidad palpitar en su interior, no se pierdan Blood father, el esperadísimo (al menos por mi parte) regreso de Mel Gibson. Mi antisemita alcohólico favorito.

Solo un apunte: en la película interpreta a un tatuador que trabaja en un estudio llamado “El eslabón perdido”.

OLE, OLE y OLE.

Ah, y por favor (por favor), vean The night of. HBO, Richard Price, John Turturro. No olviden comprarse un babero antes de hacerlo. Son 8 episodios de goce monumental.

Besos/as y abrazos/as,

T.G.

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