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Buenos días camaradas,

 

Espero que estén ustedes bien, yo, desde una pequeña localidad costera a las orillas del Mediterráneo, no puedo por menos que maravillarme por la impresionante capacidad de previsión de algunos expertos meteorológicos.

 

“Este año no habrá verano.” ¿Se acuerdan?

 

Yo sí, eso es lo que decían en junio. Estamos en noviembre y sólo puedo decir que en el infierno hace más frío que aquí. Si conocen ustedes a alguno de esos expertos, les ruego que me lo collejeen. Muchas gracias.

 

Este fin de semana se estrenan, nada más y nada menos, que una docena de películas. UNA DOCENA.

 

Yo ya no sé cómo pedir una tregua. Es imposible que un ser humano pueda soportar esta avalancha de estrenos. Luego hay alguien (o varios) que se queja amargamente de que a ver su película no ha ido ni el tato.

 

Entre estas películas hay un par aconsejables (que recomendaré a continuación), unas cinco o seis que no valen nada y dos o tres que hay que quemar con urgencia (si estuvieran filmadas en negativo) o borrar (si fueran digitales).

 

Vamos a ello:

 

Borrar/quemar: The Berlin file y –sobre todo– El último exorcismo 2.

 

Me gustaría que alguien me explicara cómo pueden titular una película El último exorcismo 2. ¿No sería más lógico haber titulado la primera El penúltimo exorcismo y luego la segunda El último exorcismo? Un título más racional sería “Creíste que era el último exorcismo, pero te equivocabas” o “No, no era el ultimo” o “El demonio viene a por más, ojo”.

 

Como mínimo sería algo más honrado y coherente que titular El último exorcismo 2. Porque si el anterior era el último, es que no hay más, así que no me vengan con memeces. Ah, y la película es una mierda.

 

Buenas o notables:

 

El juego de Ender. Quizás porque no me esperaba nada la película me ha parecido más que digna. No se parece en nada al libro (nada), pero aun así es francamente entretenida. Harrison Ford no molesta (hace años que es lo único que hace, molestar) y los efectos especiales son estupendos. Y sí, el guión, es decente. Ya saben que ha habido un gran jaleo con el autor de la obra original, Orson Scott Card, porque la ideología del hombre convierte a Aznar, Federico Jiménez Losantos y Cesar Vidal en marxistas. A tanto ha llegado la presión que el estudio se lo ha quitado de encima (con un comunicado asegurando que por mucha pasta que gane la peli el señor Card no verá ni un dólar) y él ha dado cuatro entrevistas por correo electrónico sin contestar ni una sola de esas preguntas polémicas (“¿por qué odia usted a los homosexuales?”).

 

La otra gran recomendación de la semana es La cabaña en el bosque. Lástima que tenga ya tres años y un servidor tenga el dvd en casa desde hace 10 meses. Son esos incomprensibles misterios de la distribución que la hacen apta para un especial de Iker Jiménez.

 

La película (SEN-SA-CIO-NAL) se carga de golpe y plumazo todos los convencionalismos del cine de terror con una inteligencia y una mala leche tan pronunciadas que uno no puede más que sonreír. Cuenta la (aparente) historia de un grupo de adolescentes que van a divertirse a una cabaña alejada de todo rastro de civilización. Una vez allí (faltaría más) son perseguidos por un terrible psicópata, hasta que… bueno, se produce el mayor twist de la historia del cine. O uno de ellos. Tan pasado de vueltas y tan aguerrido que cuesta negarse la genialidad.

 

No les quiero reventar la película, pero de verdad que merece la pena. Eso sí, hay que ir con espíritu abierto. Aquellos/as de ustedes/as que sean cortoplacistas y no posean sentido del humor vayan a ver la de El último exorcismo 2.

 

Y, sí, dan más películas pero me importan un pito.

 

Abrazos/as,

T.G.

 

 

 

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