Perdonadme otra vez (y van…) por lo reiterado de mis ausencias. Llevo una semana en Londres en el rodaje de el remake de Furia de titanes (aunque ellos, los responsables de la película) nieguen que se trate de un remake, ya os digo yo que –sin ninguna duda- se trata de un remake.

No sé si alguien se acordará de esa película, donde lucían unos maravillosos efectos especiales de Ray Harryhausen (el mago de los efectos especiales al estilo stop-motion, o sease, mover los bichos al estilo de la vieja escuela) y con la mitologia griega, muy sui generis eso sí, como telón de fondo.

He firmado una carta diciendo que no puedo hablar de ello pero creo que nadie se enfadará si digo que la producción es de un tamaño bestial (calculo que tendrá un presupuesto de unos 150 millones de dólares, dólar arriba dólar abajo) y que a mi por lo menos me apetece verlo aunque tenga el clásico en un pedestal.

Pero no es de eso de lo que quiero hablar.

Tampoco quiero hablar del artículo de Rocío García hoy en El País, porque me lo guardo para cuando haya podido digerirlo: no sé si somos mentirosos, hipócritas o, simplemente, gilipollas (perdonadme, me incluyo para que quede claro que hablo en plural) porque lo de la encuesta esta es pura ciencia-ficción.

No, de lo que quiero hablar es que aprovechando mi estancia en la maravillosa ciudad inglesa aproveché para ir a ver Transformers 2. Debo reconocer que no soy nada fan de Michael Bay, mejor dicho: me parece un director espantoso.

Dicho esto, la primera entrega de los benditos Transformers no me pareció tan horrible como pudiera parecer a primera vista. Tenía cierto ritmo, salía John Turturro y hasta tenía algún punto gracioso. Ojo, no digo que me gustara, simplemente digo que no fue tan horrible como esperaba.

Grave error amigos/as.

Acudí a ver esta segunda entrega con el listón demasiado alto (por muy bajo que hubiera sido en realidad habría acabado siendo alto) y me tiré dos horas acordándome de la parentela del realizador, remontándome hasta sus bisabuelos.

Sí amiguetes/as: es mala.

A Bay le da por meterse en la filosofía Bondiana (de James Bond se entiende) de viajar por localizaciones exóticas (con Egipto como lo más obvia) tirando de un guión lamentable, unos actores/actrices cansados/as y con rostro perpetuo de “¿y que coño estaré haciendo yo aquí?” y una excusa paupérrima.

La película se movía atropellada, avanzaba con la elegancia de un Seat 850 que tenía mi padre cuando éste estaba a punto de pasar a mejor vida y solo las descomunales explosiones me impidieron echarme la cabezadita que la ocasión se merecía.

Encima –y esto si que es noticia- algunos de los efectos especiales no están a la altura y esto, en un filme que se basa (íntegramente) en los mismos, le da la puntilla final a una película concebida para niños menores de 12 años o personas a las que les importa un pito conceptos como “coherencia”, “verosimilitud” o “calidad”.

Pero que quede claro: el cine estaba lleno, la gente arrojaba palomitas para celebrar cada explosión y todo el mundo pareció disfrutar de lo lindo con los diálogos (los llamo así por no llamarlos “balbuceos” o, directamente, “estupideces”). Naturalmente el sonido estaba al volumen necesario para romper los tímpanos a un elefante y sonaron docenas de móviles.

Definitivamente, me estoy haciendo mayor para ir al cine.

No quiero adelantaros detalles pero la segunda hora de la película es un auténtico esperpento. Ya me contaréis.

Para complementar esta, mi gran experiencia cinéfila en Londres, os pongo más arriba el trailer de 2012, otra película que promete ser un compendio de intelectualidad y madurez cinematográfica. Eso sí, no recuerdo un avance tan espectacular en mucho, mucho tiempo. Y me temo que mis tímpanos no aguantarían otra experiencia similar.

Por cierto amiga Cristina (la que puso el cuestionario sobre Millenium en el anterior post) intenta, te lo digo de buen rollo, intenta no destripar las películas en tus comentarios, ya que muchos de los que navegan por aquí desconocían los detalles “íntimos” del filme del que hablabas. Si de todas formas sientes la necesidad de hacerlo pon un enunciado en mayúsculas tipo: “HOLA, VOY A CONTAR COMO ACABA LA PELÍCULA, SI NO LA HABÉIS VISTO NO LEÁIS EL POST. GRACIAS”.

Gracias Cristina, en nombre de todos/as.

Buen fin de semana,

T.G.

Share This