Ya queda menos para 2016. No sé muy bien qué cambiara, me temo que el cambio de digito no le asegura nada a nadie, ni le añadirá velocidad a este proceso (el mío), pero me agarraré a las paparruchas para predecir(me) un cambio de ciclo donde me será imposible lidiar con tanta felicidad. Luego seguiré nadando en las aguas de este lago en el que nunca pasa nada, pero al menos me engañaré durante un rato.

Sin más qué decir, porque todo se ha dicho, les dejo con unas recomendaciones literarias con la condición de que las comenten si se animan a adquirirlas.

Felices fiestas, queridos y queridas,

T.G.

Todo lo que muere/El poder de las tinieblas/El invierno del lobo

 

Empezamos con Charlie Parker, el detective creado por John Connolly, por el que siento extrema debilidad. Si no le han leído, empiecen por sus dos obras maestras porque jamás vuelve a llegar a ese nivel. Los dos libros que arrancan la saga de Parker son Todo lo que muere y El poder de las tinieblas. Ambos son auténticas prisiones, jaulas en las que el lector se siente atrapados, y si el primero es duro, el segundo es brutal. Parker es un tipo conectado de alguna manera con el más allá y con un punto gótico, pero que nadie se engañe: no hay ningún guiño adolescente, ni espíritus cantarines, lo que hay es una mirada a ese mundo violento y salvaje que es esconde tras las paredes del nuestro. Es literatura de primera clase, con una narración que llega a punto de claustrofobia que puede resultar insoportable, pero el personaje y sus colegas son tan carismáticos que se lee como el que se come una rebanada untada de nutella: pim-pam.

Por cierto, El invierno del lobo, la última entrega de la saga (que abarca unos 10 libros) es una de las mejores, después de cinco entregas regulares.

 

 

El cartel /El poder del perro

 

El cártel es la segunda entrega de El poder del perro, y El poder el perro es una de las mejores novelas de la década. El problema con Don Winslow (el autor) es que nos hemos tenido que tragar todas las noveluchas que escribió antes de El poder del perro y que son mediocres en grado sumo. El cártel es su primera novela (de verdad) después de ésta, y ahora sí, tenemos a un escritor gigantesco en un medio que domina a la perfección: los tentáculos del narcotráfico en México. Con el mismo protagonista, el agente de la DEA Art Keller (ahora retirado) y los mismos narcos hijos de puta que matarían a su madre por un cargamento. Se lee a toda hostia y se disfruta igual. Si no leyeron el primero, que es una bestialidad encuadernada, háganlo inmediatamente. Si lo han hecho, no duden en hacerse con El cártel. Y llamen a la oficina para advertir de que no irán por allí en un par de días.

 

 

El desmoronamiento

 

George Packer, periodista del New Yorker, explica en este ensayo que por momentos parece un relato de ficción, la muerte de la clase media estadounidense, a través de la historia de diversos personajes (todos ellos reales) en distintas décadas, desde los años 60 hasta la actualidad. Un libro imprescindible para entender el alma de los Estados Unidos de América y la equivalencia literaria de The wire: un auténtico fresco que suda autenticidad y que a veces parece un cuento de terror. Para mi gusto el ensayo más brillante del año, con un nivel narrativo digno del mejor Scorsese.

 

 

James Rhodes

 

La biografía de un tipo maravilloso, delicado y –sobre todo- humano. Cuando tenía cinco años su profesor de boxeo abusó de él. Las violaciones (tal como él las describe) se prolongaron durante mucho tiempo. Ya en su adolescencia intentó quitarse la vida en varias ocasiones y siguió autolesionándose hasta que encontró la música, o la música le encontró a él. John Lee Hooker o Van Morrison hablaron en su momento del poder curativo de la música; Rhodes habla de lo mismo y lo concreta en Bach. Con la ayuda de la música clásica, de su piano y de unas ganas de vivir que le abofetearon cuando ya pensaba en darse por vencido, Rhodes construye unas preciosas memorias que nos recuerdan que la excusa a la que agarrarse cuando (parece que) solo queda la rendición puede surgir del lugar más insospechado.

 

El reino

 

No si están ustedes familiarizados con la obra de Emmanuelle Carrère, al que tengo ocupando el trono de la lista de mis escritores favoritos desde que leyera El adversario, un libro que me dejó en la lona y al que aún vuelvo de cuando en cuando, en esas ocasiones en las que pienso cómo me gustaría escribir si me pusiera una meta imposible. Carrère es todo: el tipo capaz de hablar de él sin ambages, de analizar cualquier asunto, por complejo que sea, en tres frases; de escribir lo que yo querría escribir como el que se rasca la oreja mientras se come unas bravas. Todo lo hace tan insultantemente fácil que te engañas a ti mismo y te dices que quizás podrías intentarlo tú también: luego viene cuando te das cuenta de que no, de que no tienes ninguna posibilidad.

En su último libro, El reino, analiza su propia inmersión en los abismos del cristianismo (después de una severa depresión) y usa esa experiencia para contarnos la historia de una religión que siempre ha pretendido contarnos que podía adaptarse a los nuevos tiempos para a continuación quedarse exactamente igual. Sean ustedes creyentes o no, les aconsejo que dejen que Carrère les coja por las solapas y les zarandee un rato, a ustedes y a esos preceptos inamovibles que creen profesar.

 

 

 

Ante todo, no hagas daño

 

Este libro me ha dejado patidifuso. Siempre he sido fan de Oliver Sacks y esa visión profundamente humanista de la vida que irradiaban sus libros. Con este tipo, médico también (y uno de los mejores neurocirujanos del mundo) llamado Henry Marsh, es como si hubieran cogido a Sacks, le hubieran puesto una chupa de tachuelas y unas botas militares y le hubieran dicho que escribiera. Ojo, Marsh no tiene nada de punk, pero lo que si tiene es una actitud tan salvaje consigo mismo que cuesta, a veces, pensar que no habla de un desconocido que se llama como él. A tanto llega, que empieza hablando de una negligencia médica. La suya.

Marsh habla de los médicos sin filtros, empezando por un escrutinio demoledor de su propia carrera, de sus miedos y sus dominios. No es solo que sea un escritor brillante, es que esa visión de la medicina en la que el doctor puede ser dios o demonio es algo poco visto, sabiendo que todos tendemos a ser benevolentes con nuestros errores al mismo tiempo que fiscalizamos solemnemente los de los demás.

Marsh ve la viga en su ojo y no se molesta en buscar la paja en los ojos de los demás. Si encuentran otro igual, no dejen de recomendármelo.

 

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