No sé ustedes pero desde que tengo uso de razón no ha habido ni un día en que me haya levantado por la mañana y haya pensado: “pues me voy a ir a ver una película sobre el fundador del Opus, que apetece mucho”.
Ya me dijo mi madre cuando le dije que quería escribir sobre cine que me había educado mal. La pobre mujer tenía razón, tenía que haber sido pianista en un burdel y dejarme de veleidades.

La cuestión, como ya habrán adivinado, es que me planté ayer en el cine dispuesto a tragarme un peñazo sobre ese señor (santo, dicen algunos) que fundó La obra, esa agrupación de ‘creyentes’ cuya historia tiene más agujeros que un rallador de parmesano. Me esperaba una inmundicia de tamaño industrial, dicho sea de paso, pero al final ha resultado ser una película semi-digna (tampoco quiero crear grandes expectativas) con escenas espléndidas y un magnífico diseño de producción.

Encontrarás dragones cuenta de modo sesgado pero aceptable la historia de Escrivá de Balaguer, un santo varón, buen amigo y mejor persona, en un periodo tan revuelto como el de la Guerra Civil española. En realidad su papel acaba siendo el de un secundario de lujo (casi mejor) y la película se beneficia de un notable trabajo de dirección del señor Roland Joffé. Joffé, realizador de películas como Los gritos del silencio o La misión, igual sirve para un roto que para un descosido. No sé como le convencieron para acostarse con el Opus (los productores son militantes, para evitar ‘distorsiones’ innecesarias sobre su inmortal líder) pero hay que reconocerle su impecable profesionalidad.

No hay mucho más que decir: la peli está bien hecha, se mira con rapidez y se olvida aún más rápido. Si quieren ir vayan. Yo ya he ido así que pueden darse por representados y evitarse sentimientos encontrados.

Para quitarme de encima el sentimiento de culpabilidad (lo siento, no me gusta dar dinero al Opus, creo que no lo necesitan) me encerré en otra sala a ver la nueva versión de Piraña, aquel pequeño clásico de Joe Dant. Esta vez es en 3D, lo cual es un bonito truco publicitario que les permite a los responsables del filme algunos lanzamientos de carne fresca a la jeta del espectador.

Puedo decir (quizás es culpa de mi experiencia previa con el Opus) que me lo pase pipa rememorando aquellas sesiones de casquería que tanto solían gustarme en los ’80. La peli es una excusa para ver tetas, sangre e idiotas de toda clase siendo devorados. Las pirañas son de un CGI aceptable y el tono es tan verbenero que es imposible tomárselo en serio.

Si son ustedes/as amantes de la serie B con hombreras no lo duden ni un minuto: Piraña 3D les proporcionará instantes de honda satisfacción.

Por cierto, y ya que estamos. Leo el otro día una doble entrevista a González-Macho y Bigas Luna a propósito de su más reciente aventura: presentarse a la presidencia de la Academia. El primero decía que lo de la Academia era un marrón y el otro que a ver si había suerte y ganaba su contrincante.

Sí señor, con esa mentalidad seguro que conseguimos llevar nuestro cine a lo más alto.

Vivir para ver.

Buen fin de semana amigos/as, les dejo en el dilema: ¿Opus o pirañas? (y no me salgan con que son sinónimos, me refiero a las películas).

T.G.

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