Buenas amigos y amigas. Perdonadme por esta larga ausencia, después de pasear mi aspecto de pobre por el lujoso festival de televisión de Montecarlo tuve que irme a Londres a hacer unas entrevistas (no es que pretenda hacerme el importante, ya que –como es obvio- no lo soy) y volví ayer por la noche, justo a tiempo para reencontrarme con los mosquitos y el calor. Hogar, dulce hogar.

En Londres, eso si, tuve oportunidad de alojarme en un hotel (pagado por un tercero, porque era de esa clase de alojamientos en los que para alojarse uno tiene que pedir una hipoteca) en el que presumían de tener la tarifa de Internet más cara del universo conocido: 40 céntimos de euro por minuto, o lo que es lo mismo: unos 24 euros a la hora…

La señorita de recepción escrutó mi rostro cuando me reveló su ventajosa tarifa y optó por apiadarse de mi: “en el McDonalds de aquí al lado es gratis” me dijo, cual ángel caído del cielo. Dios bendiga a las recepcionistas de hotel con buen corazón.

Después de pasar tres horas en Internet por el precio de un batido y una hamburguesa, hice un rápido cálculo mental. Me había ahorrado unos 70 euros. Para que luego digan que ahorrar es difícil.

Anécdotas (reales) aparte, llevo unos días obsesionado con el trailer de La carretera, la película basada en el best-seller de Cormak McCarthy sobre el penoso camino de un padre y su hijo en pos de un futuro que no acaba de llegar. Las primeras noticias que llegaban de sus primeros pases de prueba no eran buenas (al parecer el principio se parecía peligrosamente a El día de mañana, cuando en realidad McCarthy entra directamente al trapo sin analizar las causas que provocan la situación) pero en los últimos días, y después de unos tijeretazos, el resultado presenta una pinta estupenda. O eso dicen.

No me gustaría reventar demasiado el argumento, especialmente porque os recomiendo leer el libro antes de ir a ver la película, pero digamos que las primeras imágenes resultan dolorosamente cercanas al tono del libro, que es absolutamente brutal (en todas las acepciones del término). Como podréis observar el reparto luce de primera: Viggo Mortensen, Robert Duvall y Guy Pearce.

Lo cierto es que un servidor siempre se ha sentido atraído por el cine del último día, ese que cuenta como será borrada la humanidad de la faz de la tierra. Mi curiosidad morbosa no ha tenido recompensa en los últimos tiempos y aun cuando me sentí atraído por Knowing (no quiero ni acordarme de cómo la titularon aquí) y por su primera hora de metraje- absolutamente sensacional- el final tecno-hippie de la película me dejó de muy mala leche.

También debo confesar que a mi el modelo que me llena es el de Mad Max: páramos, arena y un malo llamado Humungus, vestido como si acabara de escaparse de una fiesta de carnaval organizada por un colectivo de sadomasoquistas. Es decir, que estamos acabados, hundidos, pero aun nos pegamos unas risas viendo los trapitos que se pone la peña para salir por ahí a hacer el vándalo. Si además el villano tiene una corte de esclavos con un estilazo que ni el Cirque du Soleil la dicha es completa.

Mucho me temo que con La carretera no va a haber ni un segundo para la risa y, que como me pasó con el libro, el último minuto será terrible. El cine tiene estas cosas: cuando se pone serio lo hace hasta las últimas consecuencias.

¿Qué opináis? ¿Habéis leído el libro? ¿Película de Apocalipsis favorita?

Buena semana. A los/las que se la merezcan.

T.G.

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