http://youtu.be/Qw7Se-sCwYM

Era lógico: castañazo inmenso de Almodóvar (un 55% de descenso en la recaudación el segundo fin de semana) y paupérrima entrada de esa cosa llamada Spring breakers.
Del artefacto de la señora manchega ya hablamos en su momento (alguien en los comentarios del post hasta me llamó “homófobo”, lo cual demuestra que los fans de Los amantes pasajeros, además de haber pagado por ver esa memez, han salido trastocados de la sala –Nota: esto último me parece perfectamente comprensible, quién no saldría trastocado de algo así), pero hoy podemos hablar un poquito de esa otra mamarrachada firmada por ese otro genio (ejem) llamado Harmony Korine. Un chaval al que han hinchado la cabeza diciéndole que es una especie de querubín que anuncia la llegada de un nuevo cine, uno que sólo entiendes si vas borracho y drogado (o ambas cosas), o si te va el posturno o si has tenido un mal día. Cierto, hay amigos míos que se declaran fans de la película y no logro entenderles, pero en general todos los que han genuflexionado ante tamaño adefesio no distinguirían una película de un ficus.

La película retrata a unas cuantos estudiantes en su pausa primaveral dedicada –básicamente- al despiporre en bikini. Ya saben drogas, tetas, priva y bailoteo. Visto así, y –especialmente- si uno pertenece al sexo masculino, la propuesta parece atractiva. Soy consciente de ello. Sin embargo es más aburrido que un debate de la 1. Con tanto experimento visual, tanta cámara en mano, tanto filtro y tanta alucinación (el final parece una copia chusca de 2001: Odisea del espacio), uno acaba por no entender una mierda (no de la trama, que es más plana que la actividad cerebral de Federico Trillo, nuestro embajador en Londres sin hablar inglés) de lo que quiere contar el chavalote este, en cuyo pasado se vislumbra un tremendo abuso de las sustancias psicotrópicas. También aparece por allí James Franco disfrazado de rapero jamaicano en uno de los personajes más ridículos concebidos por el hombre desde la aparición de Falete en Antena 3.

La película, uno de los fenómenos más publicitados de los últimos años en España (se me escapan las explicaciones al respecto, supongo que, en cuanto salen tres tías buenas en bikini en un cartel, perdemos el dominio de nuestros bolígrafos), se ha metido la gran hostia en salas. No ha llegado a los mil euros de media con más cien copias. Llegados a este punto, un momento que voy a reírme hasta que me ahogue.

Ya está, ya me he desahogado. Me duele la mandíbula pero ha valido la pena. No he mencionado que en el reparto están dos tías buenas que solían trabajar para Disney y que eso –al parecer- tiene también mucho morbo y mucho interés informativo.

Y con todo este barrizal de Almodóvares y Korinnes y señoras en bikini, ha pasado desapercibida una película –esta sí- magnífica. Se llama The paperboy (creo que en España la han llamado El chico del periódico –no quiero oír ningún comentario al respecto) y habla de un panoli al que una señora fatal (impresionante Nicole Kidman, que parece que después de haber dejado de inyectarse bótox en la jeta ha recuperado también el control de sus facultades mentales) le hace un nudo en el cerebro. Ambientada en uno de esos sitios de Estados Unidos cerca del sur profundo donde hace tanta calor que los lagartos matarían por una nevera, la película (del director de otra película que no soporto, Precious) es sencillamente magnífica. Una fábula oscura como el petróleo donde pululan algunos de los hijos de puta más memorables que se han visto en la gran pantalla en los últimos meses. Pues nada, esa película (de la que nadie supo nada porque su campaña de publicidad fue más o menos como las ruedas de prensa de los políticos de este país: no sabe, no contesta) casi igualó la recaudación de Spring breakers. Si la primera hubiera tenido la mitad de “hype” que la segunda estaríamos hablando de un éxito sorpresa. Ahora mismo hablamos de otra hostia memorable.

Y aquí seguimos, señores/as, tragando veneno y regando las plantas, esperando que pase algo. Si es que alguna vez pasa algo.

Vayan al cine, así al menos alguien irá a algún sitio.

Abrazos/as,

T.G.

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