Hola señores y señoras,

He vuelto. ¿Milagroso, verdad? No me den las gracias, me pagan por ello.

Déjenme empezar –antes de ir a lo realmente importante- diciéndoles que me he asomado al submundo, de hecho llevo ya mucho tiempo asomándome al submundo. Esto lo digo porque un forero me decía que debía hacerlo (lo del submundo) y con eso se refería a que en lugar de tanto viaje y tanta película que aún no ha asomado por aquí me atreviera a hablar de ese bonito cine español, tan delicado y preciosista, que llena las salas de nuestro país sin tregua ni descanso.

Así que por él (y por todos ustedes, que diría un torero) me he decidido a ir a ver 3MSC, Tres metros sobre el cielo para los humanos. Me llevé a un amigo con la lamentable excusa de que “me han dicho que está muy bien, en serio”. El pobre cayó con todo el equipo. Cuando salimos del cine me dijo “¿por qué me has traído a ver Apocalipsis gay?” (sus palabras, no las mías).

No supe que contestarle la verdad, andaba aun yo maravillado por ese “chulazo” (como le llaman en El País hoy, no sabía que esa palabra seguía utilizándose) llamado Mario Casas, que se pasea por toda la película sin camiseta. ¿Sirve ello a algún propósito narrativo? Obviamente no. ¿Ayuda a mejorar la película? No. ¿Habría que quemar los negativos?. Me reservo mi opinión sobre este último punto pero me remito a una de mis canciones favoritas de ese grupo vasco con nombre de órgano sexual: “todos sabemos que hacer con ellos mientras nos quede gasolina”.

¿Cómo es posible que semejante bodrio sea un éxito de taquilla? Pues no se caballeros/as pero creo que deberíamos comprar una sofá de 504.645 kilómetros cuadrados, tendernos ahí y llamar al doctor House o al doctor Freud, a ver si nos diagnostican algo. La otra opción será pedir a Corea del Norte que nos bombardeara, así con calma.

También fui a ver Los ojos de Julia. Lamentablemente había dejado mi cinturón explosivo en la taquilla del gimnasio, sino no me hubiera importado volarme en la sala. Me dormí y soñé que entraba en Tele 5 y estrangulaba a Belén Estebán con una manguera mientras una multitud me animaba y gritaba mi nombre. Después me entregaban un lote de turrones de jijona y me llamaban un taxi porque yo estaba muy cansado del esfuerzo ya que la muy jodida se había resistido lo suyo.

Cuando desperté allí seguía (la película) y otra Belen (la rueda) se comía mis neuronas en esa infumable versión liliputiense de El orfanato.

¿Ya están satisfechos con mi visita al submundo?

Pues yo no.

Así que he visto Carne de neón, protagonizada también por el chulazo. Sobre un chavalote, un entrepreneur (o cómo se diga) que decide abrir un puticlub. ¿Pedazo de guión, eh?.

Me niego a comentar semejante aberración. Lo siento, no puedo. El médico me ha dicho que no fuerce mi bilis, que luego me sube la acidez.

Si diré que si quieren acabar con el mundo animal solo hace falta que se lleven una gigantesca pantalla a la selva y les pongan la película que acabo de citar. Al cabo de una hora estarán todos (leones, panteras, monos, koalas, serpientes de cascabel) muertos de asco. Si sobrevive alguna jirafa o algo que pasen enseñando el póster…

Y ahora tenía que hablarles de Clint Eastwood pero me noto raro, veo el torso desnudo de Mario Casas que me persigue y quiere venderme una enciclopedia utilizando su poderosa voz como el flautista de Hamelin utilizaba su instrumento… sí, la analogía me ha quedado un poco tendenciosa, lo reconozco.

Perdónenme, volveré pronto.

T.G.

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