Lo prometido es deuda, y antes de que las campanadas nos transporten a otro año (personalmente, espero que sea mejor que este… no será muy difícil) voy a exponer aquí mis series del año.

 

Pero antes mi humilde recordatorio para la familia de Diana Quer. Los carroñeros la humillaron, insinuaron toda clase de maldades, llegaron a publicar que su padre era sospechoso (luego hicieron lo mismo con su tío) y que el secuestro era obra de profesionales. Hicieron todo lo posible por embarrarlo todo, a ver si así lograban un espectador más. Hablo de basura como Nacho Abad, Susana Griso, Ana Rosa, Albert Castillon o Alfonso Rojo. Auténticos canallas que gustan de revolcarse en el fango por una décima más de share.

 

Ojalá los Quer tengan ahora algo de descanso. Y para esos pseudoperiodistas, que sepan que en el infierno existe un círculo solo para ellos. Y que espero verles arder durante 500 o 600 años.

 

Vamos con las series, antes de que me lleven esposado a un juzgado.

 

Sin orden ni jerarquías:

 

Manhunter. Un viaje al oscuro mundo del terrorista doméstico más célebre de la historia de Estados Unidos (con permiso del hijo de perra de Timothy McVeigh), que durante un cuarto de siglo envió bombas por medio continente. Un genio de la matemática que un día decidió alejarse de la sociedad de la tecnología y acabó escribiendo un –acojonante- manifiesto y volando por los aires todo lo que le molestaba. Serie impecable con un Paul Betanny que se sale. Obligatoria.

 

Fleabag. La gran tapada de este año, una serie de tantos quilates que mirarla mucho rato puede quemarte la retina. Con su reinvención de la tragicomedia, este show sobre lo jodido que es sentirse solo y descubrir que esa soledad es mérito tuyo, se ha convertido en una de las joyas más reivindicables del 2017. Son solo seis episodios, si no recuerdo mal, y el último es como la catana de un samurái: te corta la cabeza y no notas nada hasta que la hoja te ha atravesado.

 

Mindhunter: La mejor serie del año en términos absolutos. Una obra maestra de David Fincher, con un axioma perverso, un trío protagonista del copón bendito y una fuerza narrativa que deja en pelotas a cualquier otra cosa que les pueda venir a la mente. Esta historia sobre los monstruos que crea la psique y la dificultad para enfrentarlos sin empatizar con ellos, es una de esas experiencias que no se olvidan.

 

Godless: Una serie como un transatlántico (de grande, no de hortera), que aprovecha un impresionante armazón visual para reformular códigos del western en clave femenina. No es perfecta, no es la obra maestra que muchos reivindican, pero es un producto brillante, ejecutado con un buen gusto incontestable y que demuestra que aún se puede recurrir a los clásicos y hacerlos parecer modernos. El piloto es acojonante. Denle una oportunidad.

 

The night of. La serie con los mejores diálogos del año (no en vano la ha escrito ese genio llamado Richard Price) y la vuelta de HBO a sus raíces, con un John Turturro que dibuja su mejor personaje desde El gran Lebowsky. Auténtica, cruda, potente y dirigida por Steven Zaillian (el guionista de La lista de Schindler). Nunca un tribunal ha olido tanto a madera rancia y a pánico escénico como el de este maravilla que en principio iba a protagonizar nuestro añorado James Gandolfini. Una delicatesen para recordar por qué nos hicimos fans de HBO.

 

Juego de tronos. Si amigas y amigos, no puedo acabar este breve repaso sin recordar el espectáculo más grande que jamás ha ofrecido la caja tonta. Shakesperiana, Dickensiana, JamesCameroniana… escojan ustedes los adjetivos que les parezcan más convenientes. No hay nada igual en la tele, nada tan ambicioso, tan premeditadamente dilatado. Una serie con 25 protagonistas en la que la épica y lo intimista se dan la mano con la naturalidad del que se enamora de su mejor amigo/a y acaba pasando el resto de su vida con él/ella.

 

Y esto es todo por este año.

 

Les deseo un 2018 que les traiga lo que necesitan y –si me apuran- hasta lo que desean.

 

Gracias por seguirme este año, gracias (de nuevo) al señor Moltó por dejarme seguir volcando aquí mis cosas y gracias a ustedes y ustedas por hacer que esto sea un blog civilizado.

 

Feliz año, amigas y amigos,

T.G.

 

 

 

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