Ya, ya. Les he abandonado. He desertado. Me he ausentado sin permiso.

Les pido disculpas, no volverá a pasar, ha habido un terremoto, una inundación, un familiar se presentó sin avisar, se me estropeó el coche… vale, me han descubierto, estoy imitando a John Belushi en Granujas a todo ritmo.

 

Miren, la verdad es que mi vida es complicada y no doy el abasto. Pero hoy, por ejemplo, tengo un rato para escribir y se lo dedico a ustedes/as, tan mala persona no seré.

 

En estas semanas se han estrenado infinidad de películas, la mayoría tonterías del tamaño de un portaaviones. Pero también nos han llegado cositas interesantes, como esos 30 minutos de Alien Covenant o ese divertimento impecable llamado Life, que es una película estupenda si uno no se lo toma como si fuera una película iraní.

 

Pero –sobre todo- esta semana se entrena Déjame salir. Me gusta mucho más el título americano (Get out), que suena a ‘lárgate’ pero es que en España somos muy educados y nunca hablamos así. Déjame salir puede ser tranquilamente la mejor película de terror de la temporada y una de las obras más originales que veamos en todo el año, especialmente porque tiene una mala hostia imposible de procesar en 90 minutos (que es lo que dura).

 

Les cuento: la película es la historia de una pareja interracial. Una de esas pijas blancas que veranean en los Hamptons, con padres de clase alta y un afroamericano con formación universitaria, fotógrafa y con modelos exquisitos.

Los problemas empiezan el día en el que ella le convence a él para ir a conocer a sus papás. Él se resiste pero finalmente cede. Naturalmente, ella no le ha dicho a sus progenitores que su nuevo novio es negro. Y además, papá y mamá no son lo que parecen.

 

Así, lo que empieza como una supuesta –parábola- del racismo aún subyacente en algunos rincones (en muchos) de la sociedad estadounidense para desarrollarse en los parámetros habituales que rigen este tipo de relaciones envenenadas. Sin embargo, a la hora de metraje, se produce uno de esos giros que es imposible ver venir y que convierte lo que hubiera sido un magnífico thriller con algunos sustos de manual, en algo completamente distinto. Es ese ‘twist’ extremadamente perverso el que coloca a Déjame salir en una órbita completamente distinta. Porque sí, la película es una reflexión sobre el racismo y demás, pero con una vuelta de tuerca tan malintencionada que es muy posible que a alguno le sobrevenga una epifanía: “¿Mierda, cómo no se me había ocurrido a mí antes?”.

 

Lo mejor del caso es que este filme lleve la firma de un señor al que no conocen ni en su casa y llamado Jordan Peele.

 

En EEUU la película se ha convertido en un fenómeno bestial: con un presupuesto que no superaba los 10 millones de dólares y un casting trufado de desconocidos ya acumula más de 120 millones solo en el continente estadounidense.

 

A mí la película me recordó a aquella pequeña maravilla de culto llamada Muertos y enterrados, de Ronald Shusset, con el mismo microcosmos tóxico en el que todo es posible.

Se las recomiendo ambas de todo corazón si son ustedes/as fans del género. Si pasan miedo cada vez que una puerta chirría, entonces mejor Torrente o Verano azul. Aunque bien pensado, la primera también da mucho miedo.

 

No tengo mucho más, amigos y amigas. Espero ansioso el estreno de la nueva Twin peaks, aun sospechando que va a tratarse de una tomadura de pelo infecta.

 

Vuelvo pronto. Lo prometería, pero no me creería nadie.

 

Abrazos/as,

T.G.

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