Cada vez tardo menos en actualizar, esto no puede ser, creo que me han abducido y me han inyectado algo y ahora cada dos por tres siento el deseo de escribir un post. Alguien debería investigar mi caso, yo que siempre he sido un vago y procrastinador no puedo soportar en lo que me estoy convirtiendo.

 

Y la excusa hoy es un trailer, oigan. Sí, un maldito trailer, si es que soy así.

 

En los últimos tiempos, por el exceso de celo de las multinacionales a la hora de forrar sus trailers de imágenes, he dejado de fiarme de esos avances que deben –en teoría– servir para arrastrarnos al cine. Particularmente, en los últimos tiempos la mayoría de trailers me dejan absolutamente frío. Sentí cierto escalofrío al ver el de Pacific rim (esa película de Guillermo del Toro que promete ser una de las sensaciones del verano), pero no me enamoré del todo. Sin embargo, me ha pasado algo extraño con el trailer pegado más arriba: lo he visto veinte veces y sigue pareciéndome uno de los mejores del último lustro. Es un trailer que tiene todo lo que se supone que debe tener un trailer de una superproducción: pausa, acción, drama, fuerza, épica, personajes…

 

Después del último Superman, aquella cosa de Bryan Singer con un tipo –el protagonista– absolutamente equivocado, debo reconocer que pensaba que me quedaría con las ganas de ver una reinvención seria y concienzuda de mi superhéroe favorito.

Yo, como muchas personas de mi generación, asociamos Superman a la inmortal banda sonora de John Williams, a esos maravillosos títulos de crédito, a Christopher Reeves, a Gene Hackman, a Terence Stamp (que increíble era su general Zod), o a esas gafas que se calzaba Clark Kent.

 

Pero ahora, viendo El hombre de acero, la visión de Zach Snyder, un director que me gusta mucho (300, la fabulosa El amanecer de los muertos, Watchmen…) con la producción de los hermanos Nolan (los responsables de la gloriosa resurrección de Batman), creo que puedo empezar a ser optimista y confiar en que este nuevo intento va a ser exitoso. No sólo a nivel comercial (ahí no tengo ninguna duda), sino a nivel conceptual.

 

No es sólo que el Superman (Henry Cavill) de esta vez parece un actor mucho más poderoso que el anterior, sino que lo han rodeado de lo mejor de cada casa: Amy Adams, Michael Shannon (joder, qué actor), Dennis Quaid, Russell Crowe, Diane Lane, Christopher Meloni o Laurence Fishburne. Cuando uno se decide por un reparto similar, fuerte y sólido, pero sin estrellitas, es que la cosa va en serio.

 

Me gusta la consistencia de la historia, la modernidad de la misma sin caer en traiciones (es obvio que Zod no puede ir vestido de papel de charol) y el look de la historia. Tiene trazos de Malick y hasta de Kubrick, es espectacular (ese inicio con la batalla en el planeta Krypton), la visualización del superhéroe (la textura del traje, de la capa…) y –sobre todo– la impresión de que va a primera una perspectiva humana del personaje, muy por encima de la frivolización que genera el abuso de los efectos especiales.

 

Y sí, ya sé, vaya paja que me acabo de cascar con la excusa de un trailer pero debo decirles dos cosas: 1) mírenlo y díganme que no es cojonudo; 2) si esperan que les hable de la nueva película de la Coixet es que se están equivocando de persona y de blog.

 

A lo mejor si que un día de estos les hablo de la Coixet, pero primero lo consultaré con mi abogado.

 

Abrazos/as,

 

T.G.

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