Hola amigos y amigas,

Cómo están ustedes? Estoy a punto de irme a Londres y luego a Austin. Literatura y cine, respectivamente. A la capital del Reino Unido me voy a entrevistar a un famoso novelista; a la ciudad de Texas que no parece una ciudad de Texas a ver cine. Todo el que pueda. Hace siglos que no voy a un festival de cine y el SXSW (South by South West, un homenaje al título original de Con la muerte en los talones, North by North West) es el sitio perfecto para eso.

Estos días he aprovechado para ver las películas que me faltaban para los Oscar y me ha impresionado La habitación. Me ha impresionado por la delicadeza del guión, por la maravillosa actuación del reparto y sobre todo por ese maldito niño que hace que se te olvide que el mundo sigue girando. Es bastante sabido que los niños actores acaban como el rosario de la aurora, pero es que este chaval es algo extraordinario. De verdad, hacía mucho tiempo que no veía un personaje tan matizado, tan sensible, tan perfecto. Él solo hace que el precio de la entrada me parezca una ganga.

También he visto Brooklyn, que es otra de esas películas que verán cuatro personas y el resto obviará, porque el mundo funciona así y porque no está hecha la miel para la boca del asno. Pero si son ustedes sabios o se fían de mí (ya sé que ambas cosas no son necesariamente sinónimos) acudan a esa sala rara e incómoda en la que ponen películas que no va a ver nadie. Brooklyn es la historia de un romance en un Nueva York que ya no existe. Saorse Ronan ofrece una exhibición de talento y sensibilidad en una actriz muy joven pero que promete darnos muchas tardes de alegría. A veces uno ve interpretaciones como la suya y recuerda la inmensa capacidad de algunos seres humanos para trascender su propio ámbito de acción. Lo de Ronan en Brooklyn es de Oscar, y aunque va a ser difícil que se lo den, no puedo negar que me encantaría equivocarme.

Y finalmente, déjeme que les hable de la primera película en meses que ha hecho que me ría a mandíbula batiente (siempre he querido usar esa expresión): Deadpool.
Deadpool es una franquicia en la que Marvel (Disney) no confiaba y ese es el motivo por el cual vendió los derechos a Fox. Fox a su vez la rodó por cuatro duros (los rumores dicen que se hizo por menos de 50 millones más unos 20 de marketing y publicidad) y la lanzó con discreción. Los trackings, que son las predicciones que hacen los estudios respecto a la recaudación de sus lanzamientos, decían que la película recaudaría entre 40 y 60 millones de dólares, se quedaron un poquito cortos: Deadpool sobrepasó los 120 millones, convirtiéndose en la película no recomendada para menores de 18 años mas taquillera de la historia.

¿Y qué es Deadpool? Pues el superhéroe más hijo de perra de la historia. Un auténtico chulazo al que lo que le importa es follar, beber y ganar pasta, y al que da vida un Ryan Reynolds apoteósico en el que es el mejor papel que le han regalado en su vida.
Si les digo que lo de esta película es humor negro me quedaría bastante corto. Hace años (probablemente desde Kick ass) que no se veía algo tan jodidamente perverso en pantalla grande. Eso sí, si no son ustedes de morro fino y disfrutan de la mala hostia tanto como yo, Deadpool es la peli hijoputesca del año. Y hasta de la década.

Y nada, que este fin de semana son los Oscar, pero el viernes volvemos a hablar.

Benditos sean.

T.G.

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