Señoras y señores,

 

¿Qué tal andan?

 

Espero que ya hayan preparado todo para irse el viernes a ver la última entrega de Misión imposible. Como ya les dije, es una cosa tremebunda (por buena) y no ir a verla en una pantalla lo más grande posible, sería un pecado grave. Confío en ustedes/as, no me fallen o tendré que perseguirles/as uno/a por uno/a.

 

Quedan advertidos.

 

La semana que viene estrenan Los increíbles 2, así que les espera un veranito bueno en el lado cinéfilo. Lo demás ya depende de ustedes/as, y yo ahí no puedo hacer nada.

 

Hoy les quiero hablar de una película que ya he visto pero que aún no se ha estrenado aquí, a pesar de lo cual no quiero dejar de hacerlo. Se llama El ecualizador 2 y puedo decir –sin temor a equivocarme- que me encantó la primera.

 

No sé si la vieron, pero lo cierto es que fue un exitazo en Europa y resto del mundo y funcionó un poco menos en Estados Unidos. No sabría decirles por qué con nosotros funcionó mejor que con ellos, pero así fue. Por si no están al tanto, yo les explico de qué va en menos de treinta segundos: un tipo aparentemente inofensivo conoce a una prostituta maltratada por la mafia rusa. Cuando ella es agredida por sus patrones, el hombre resulta no ser tan inofensivo. Todo ello aderezado con una exhibición de explosiones, artes marciales y amenazas de esas que solo pueden resultar creíbles en la oscuridad de una sala de cine.

 

La gracia de la película, más allá de la idea del ángel vengador que llevamos viendo en el mundo del séptimo arte como más de medio siglo, la gran virtud de la película es la presencia al frente del reparto de un tipo tan poderoso (en todos los sentidos) como Denzel Washington. Washington le da al papel el equilibrio necesario entre el hombre aparentemente frágil y el cirujano de la violencia que es capaz de matar a cinco mafiosos en 50 segundos y sin despeinarse.

 

¿Aquí? Pues más de lo mismo. En la primera película vemos a un personaje (no voy a hacer spoilers, aunque si cotillean el tráiler y vieron el primer filme la cosa queda clara) que es uno de los pocos integrantes del círculo íntimo del protagonista y en esta vemos como a ese personaje se lo cepillan.

 

Así pues, el personaje de Washington (Robert McCall) sale otra vez ahí fuera a remover cielo y tierra para encontrar a los responsables de lo sucedido a su amiga.

 

Pueden imaginar que no escatima en hostias. Y las escenas de acción son un auténtico espectáculo, aunque no hay muchas (cosa de la que se han quejado algunos críticos estadounidenses), las que hay son una bestialidad. Mi favorita es una que acontece en un coche, en parte por la dificultad que conlleva filmar algo así en un espacio tan reducido.

 

Dirige Antoine Fuqua, que es un tipo que siempre me ha gustado mucho. En su carrera hay cosas como Los siete magníficos (el remake, obviamente), El rey Arturo, la impresionante Training day, la cojonuda redención o la notable Los amos de Brooklyn. Es un realizador visualmente potentísimo, pero que además cuida mucho a los personajes.

 

El ecualizador 2 se estrena en España el 28 de septiembre y ya sé que les estoy puteando mucho contándoles esto con tanta antelación, pero he sentido la necesidad de transmitirles mi bienestar porque la secuela esté a la altura. Volveré sobre ello en su momento, pero solo decirles que permanezcan atentos y que para resistir mejor la espera no dejen de buscar la primera y echarle un ojo, si no lo han hecho ya.

 

Y ya que estamos, dejen que les desee un feliz verano. Pásenlo muy bien, disfruten muchísimo y consigan desconectar de este mundo infernal que cada vez gira más rápido.

 

Un abrazo fuerte,

T.G.

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