Hola amigos/as,

Perdonad el retraso (siempre digo lo mismo) pero –otra vez- el volcán ha decidido arrojar sus cenizas contra mi persona y he tenido que dar una pequeña vuelta de mil doscientos kilómetros para llegar a casa.

Por suerte mis deberes estaban hechos y ya había visto el “gran” estreno de la semana, Un ciudadano ejemplar.

Es una película que a priori me interesaba ya que llevaba mucho tiempo sin saber nada de su director, un tipo llamado F.Gary Gray. La última cosa que lucía su firma fue un filme de 2003 llamado The italian job y que era un remake de un pequeño clásico de finales de los años 60’ protagonizado por Michael Caine.

La versión de Gray contaba con un magnifico reparto encabezado por Edward Norton, Mark Whalberg, Charlize Theron y Donald Sutherland y era un entretenimiento mayúsculo, divertido, ligero y sólido a un tiempo. Un gustazo con vocación comercial que funcionó muy bien en taquilla y que dejó claro que este hombre tenía estilo.

Sin embargo no bastó con ello y tuvieron que pasar dos años para que le dejaran poner las manos en otro proyecto, una cosa de 2005 llamada Be Cool, que era la secuela de la estupenda Como conquistar Hollywood. Lamentablemente el guión era un delirio sin solución y lo que surgió de aquella mescolanza fue un churro, un gigantesco, mareante e indigesto churro.

Bueno, pues ahora Gray vuelve con Un ciudadano ejemplar, y si bien nos recuerda que sigue teniendo clase para llevar adelante cualquier proyecto también demuestra que eso no sirve para nada si los guionistas pierden el sentido común y la coherencia cuando mejor andaban las cosas.

Expliquémonos: Un ciudadano ejemplar escenifica la historia de una venganza perpetrada por un señor cabreado (el ciudadano ejemplar del titulo) contra los que el considera responsables de que el asesino de su mujer y su hija se fuera de rositas.

Hay algo bastante sorprendente en esta película y es el tono lúgubre, oscuro y hasta malsano que subraya la primera parte del metraje. Gerard Buttler (en un trabajo notable) interpreta a un señor (del que nadie parecer saber muchas cosas, aunque los datos que necesita el espectador se irán revelando a medida que avance la trama) decidido a tomarse la justicia por su cuenta, y ya de paso a destripar el sistema como si fuera un cerdo el día de San Martín.

El arranque de esta venganza es de una crueldad inusitada y no puedo por menos que recomendar encarecidamente su visionado como muestra de que algunos consiguen inocular tensión en el espectador con sorprendente facilidad (como el susodicho señor Gray). Pero de esta excelente narración, de una mala leche francamente sorprendente, se pasa al típico y tópico catálogo de cagadas –con perdón- cuando el guión se empeña en cambiar de héroe a mitad de película. Tampoco ayuda el nefasto papel (y la nefasta interpretación) de Jamie Foxx.

Si a esto añadimos un final cobarde, indigno, muy en línea con aquel lema hollywoodiense de que “bien está lo que bien acaba” el resultado final es un insuficiente. De acuerdo, no es un muy deficiente, pero tampoco es para tirar cohetes.

Ay amigos/as, si se hubieran atrevido a llevar la lógica del relato hasta sus últimas consecuencias. Entonces estaríamos hablando de una las pelís más rabiosamente potentes y brutales del año. Un cañonazo de tintes anarquistas que podríamos meter en un pack con El club de la lucha.

Pero no, nos tenemos que quedar con la memez. No hay que pedirle peras al olmo, pero es que este olmo tenía los galones para ser un estupendo peral. Lastima que el jardinero decida a última hora liarse a hachazos con el arbol.

Lo decía alguien recientemente: hay que joderse.

Ya me contarán ustedes que les ha parecido.

Abrazos/as,

T.G.

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