Créanlo o no, estas semanas están siendo aburridísimas para el mundo del cine. Tanto que al otro lado del Atlántico están muy preocupados por la poca pasta que se están metiendo en los bolsillos…. Exactamente lo mismo que va a pasar en la piel de toro cuando se acabe la euforia por Torrente 4, que ya acumula mucho dinerito en su cuenta pero que no prolongará su efecto eternamente y que desde luego no actuará como catapulta para que más gente vaya a ver cine español. Eso sí, habrá Torrente 5, y 6 y 7 y los que hagan falta.

Por cierto, bonito el recadito que le dejaba ayer Santiago Segura a Gabino Diego en una entrevista digital en El País. Y ya que hablamos de eso, ¿dónde coño debe estar Gabino Diego? Ese hombre al que algunos (en este país vamos sobrados de osadía, como de tantas otras cosas) llegaron a calificar con el sobrenombre de “el Woody Allen español”.

Así que, no, no puedo recomendarles que vayan a ver esa cosa llamada El mundo de Barney porque es un auténtico peñazo. Tampoco creo que necesiten acercarse al cine a ver nada en concreto porque todo lo que había que ver ya lo habrán visto y gastarse ocho euros se ha convertido en una cosa muy seria.

Total, que hoy me voy a pegar el gustazo de ese fenómeno internacional (que no está ligado al mundo del cine, pero que abundar abunda) que es la estupidez. Esto viene a cuenta de esa noticia que hemos leído esta semana donde a un pobre hombre, miembro de la academia por más señas, le ha caído un marrón razonablemente mediático por colgar películas de la academia en no-se-qué páginas web para que el mundo mundial pudiera bajárselas a su antojo. Bueno, pues resulta que al pobre tipo le empapelan, lo ponen a parir en los periódicos, le difaman (ya que en este país lo de la presunción de inocencia es una broma) y encima, al final, resulta que no ha hecho nada.

Lo mejor del caso (aunque para él lo de “mejor” no debe ser exactamente bueno) es que otros dos detenidos dijeron que este señor no había tenido que ver con lo de la película (al final parece que solo fue una) y se explayaron con unas declaraciones que harían enrojecer a Forrest Gump.

No puedo resistirme a reproducirlas:

Primero, uno que se hace llamar House.

“Llevaba cuatro años en paro y él me dio trabajo. Es un pedazo de pan y como tiene un corazón muy grande me dijo: ‘mira, para que visiones aquí en el ordenador las películas de los académicos, que tú entiendes’. Estúpido de mí que, como tenía el blog de mi hermano, la capturé [la película] y la subí [a Internet]. Pero Sirgo no conoce nada, ni se ha descargado nada, ni nos estamos enriqueciendo”.

Y ahora el otro, Mfatroty:

“En un principio el blog lo hice para conseguir puntos de Megaupload que, como sabes, cuando llegas a muchos millones de descargas te empiezan a pagar cien dólares. Pero no hemos llegado ni a los seis meses Premium. Yo me bajaba las películas de otros sitios, por ejemplo de Exvagos.es [página que esta semana han cerrado las autoridades de EE UU] y luego las subía a Megaupload. En mi ordenador no hay nada”.

Ole, ole y ole.

Que quede claro que aquí no se habla de pirateo, ilegalidades o mala fe. Para mí esto es simple y pura estupidez. Un buen tipo contrata a dos personas y les otorga su confianza para un proyecto pequeño. Las personas deciden pasarse por el forro eso de la confianza y se aprovechan de él para meterse en un sistema privado, coger un archivo y ponerlo en un sistema público. Son tan burros que ni siquiera piensan en que pueden meter en un lío al hombre que se ha mojado por ellos. Encima, no cogen algo interesante para colgar en la red, no, los muy ineptos van y cuelgan Ispansi, esa cosa que habla de los españoles en Rusia hace más de medio siglo y que es de vergüenza ajena. Hay que joderse.

El auténtico problema aquí es que alguien puede deducir que en este país, a) no te puedes fiar de nadie, y, b) tenemos un mal gusto que te cagas.

Tíos, si vais a joder a un amigo, al menos hacedlo por algo que valga la pena.

Lo dicho: tontos, inconscientes y sin criterio…

T.G.

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