pacificrim

 

Señores y señoras,

 

Son las fiestas mayores de mi pueblo.

 

Durante esta semana CADA día, delante de mi casa (lo reconozco, vivo delante de la playa) se han dedicado a los conciertos desde las once de la noche hasta las seis de la mañana. Como no puedo cerrar la ventana, he estado disfrutando de impagables versiones de The Police, Queen, los Dire Straits, Coldplay y el Fary. Una vez la cantante del grupo se lanzó con Luz y acto seguido con Manolo García y después con los Beatles.

 

Debo reconocer que la osadía de algunos me resulta simpática, al menos durante dos minutos. Luego estuve buscando “francotiradores” en Google pero no había manera. Si eres del gremio te daré un consejo: poned algún teléfono o algo. Porque fotos de fusiles y demás hay a patadas pero ni un correo, ni un teléfono, ni siquiera un código postal. Francamente, si no puedo dar con vosotros en un momento de necesidad imperiosa, no veo cómo podéis pretender hacer negocio. Sólo un consejo de amigo.

 

La cuestión es que estoy a punto de sufrir un break-down (por hacerme el inteligente) nervioso y juro que si esta noche hay otro concierto en la playa no respondo de mí mismo. Tengo los cuchillos de cocina ordenados por tamaños, una lata de gasolina, una bolsa del Carrefour con un ladrillo dentro y dos bolsas de pipas (por si me entra hambre). Os lo advierto, idos a cantar a otra parte o mañana saldremos todos en los periódicos.

 

Dicho esto, con la mejor de las voluntades (muchas masacres se hubieran evitado con un poco de buena educación), vamos al tema de la semana: Pacific rim.

 

Les hablo de ella por dos razones: primero, ahora ya puedo hablar de ella; segundo, esta semana sólo estrenan rollazos. Que sí, que eso de Brillante Mendoza no está mal y blablabla. Rollazos.

 

Pacific rim llega el 9 de agosto con el inconveniente de haberse dado el castañazo en la taquilla americana, algo que no debería sorprendernos ya que esa misma semana (la del estreno de la peli) el número uno se lo llevaba Niños grandes 2, esa película que un crítico americano definía como “una larga e inacabable ventosidad”.

 

¿Qué es Pacific rim? La sublimación del cine de aventuras, ese que dábamos por muerto después de ver Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal. Es una historia sin complejos, no hay en ella una ambición intelectual, un mensaje que desee perdurar (de hecho, no hay ningún mensaje en absoluto), ni ninguna clase de elemento que no esté allí para agarrar al público por las solapas y sumirlo en el caos. Es la peli que cualquiera de nosotros hubiéramos deseado hacer cuando teníamos 15 años y soñábamos con monstruos gigantescos (sí, he dicho nosotros, porque Pacific rim es un filme eminentemente masculino) y justicieros intergalácticos.

 

Es importante saber qué vamos a ver cuando entramos en una sala. Recuerdo cuando la gente salía indignada de El árbol de la vida porque creían que iban a ver una película de Brad Pitt y se daban de morros con una obra que cuestionaba con belleza y silencios el mismísimo origen de la vida y su improbable sentido. El que vaya a ver Pacific rim esperando algún tipo de lección narrativa o una reflexión socio-política envuelta en metáfora sobre el futuro del planeta tierra se va a dar de morros contra un muro de efectos especiales.

 

Pacific rim es diversión, furiosa, salvaje, brillante; pero diversión. Son dos horas y media de montaña rusa en bajada continua, donde unos robots gigantescos dilucidan a guantazo limpio el futuro de un planeta invadido por descomunales monstruos surgidos de las entrañas del Pacífico. Del Toro es un director magnífico (no puede disimular lo entusiasmado que está con el material que tiene entre manos), y hay algunas escenas de super-clase (ese enfrentamiento con un niña como todo testigo, entre un kaiju –monstruo– y un Jager –robot– en las calles de Tokio es pura magia). ¿Pegas? Es una película de género, sin resquicios, no hay espacio para el drama o la comedia: lo único que importa es salvar al planeta. Si su idea de diversión es una tarde de palomitas y ojos como platos (el nivel de destrucción es indescriptible), entonces no lo duden. Si buscan algo con hondas reflexiones sobre la vida y la muerte, huyan.

 

Hay tanto talento en Pacific rim, tanto cine, que casi es molesto ponerse simplón, pero lo cierto es que es una de esas películas o se aman o se odian. Ojalá se considerara a la audiencia un ente algo más complejo pero vivimos en los tiempos de la suprema clasificación. Igual me equivoco, pero me temo que esta película va a ser una víctima de las etiquetas y los targets y los señores del marketing.

 

¿Mi consejo? Aventúrense y disfruten.Abrazos/as,

T.G.

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