Por petición popular me asomo al abismo que supone hablar de esa memez llamada La venganza de Ira Vamp.

Regodeándome en mi infinita ignorancia confieso no saber nada de la obra de teatro que –al parecer- ha inspirado esta película. Doy gracias a Dios por ello.

La venganza de Ira Vamp es un… ¿cómo llamarlo?… producto que lleva el sello de la estulticia catódica, personificada en rostros que consiguen resultar simpáticos durante un rato e indigestos el resto de su vida. Ojo, seguro que todos son magníficas personas, pero el sufrimiento del espectador (para centrar el tema: yo) debe salir por algún lado ya que si no es así de noche pueden sufrirse intensos ataques de meteorismo. Los mismos ataques que debió sufrir el guionista al tratar de poner orden en el marasmo de estupideces que consigue arrejuntar esta película.

La película es una especie de fábula costumbrista (nótese mi generosidad en las palabras) donde se juega con lo sobrenatural, lo comédico y lo surrealista en una mezcla incomible. Bien, hasta aquí mis palabras amables para el filme.

En realidad esta patochada trata de que nos riamos con chistes que ya eran viejos cuando el Naranjito era pequeño y Chanquete no había muerto. Dicho de otra manera: si forma usted parte de esa fauna que podría gozar cuando le queman los pies con un soplete (hasta sintiendo un ligero y agradable cosquilleo), entonces no lo dude: esta película está hecha especialmente para colmar sus necesidades culturales. Si por el contrario no se rio usted ni un poco con obras magnas como Este muerto está muy vivo, El robobo de la jojoya o Candemor, entonces aléjese de los cines que proyectan “eso” o incluso contemple la posibilidad de mudarse a un país con un cine más ambicioso… Portugal, por ejemplo.

Al lado de La venganza de Ira Vamp películas como Chispita y sus gorilas, Las aventuras de Enrique y Ana o La guerra de los niños son como la trilogía de El Padrino.

No miento.

Y encima sale Chiquito de la Calzada, como si no hubiera suficiente con Josema Yuste y Fiorentino Fernandez. Lo siento amiguetes: os veo y no me río.

Eso sí, la taquilla ha sido sabia –por una vez- y les ha recompensado con la mísera cantidad de 168.000 euros, gracias a una espectacular media de más de 746 eurazos por cada una de sus 225 copias.

Ahora sí amigos, ahora sí que me río.

Para rematar la semana me fui a ver una película llamada La vida empieza hoy, donde –teóricamente- se hablaba con naturalidad del sexo en la tercera edad. En realidad la mofa sobre la copulación entre ancianos/as es notable: una tonelada de chistes malos, un guión patético, una dirección tan rústica que en una hora y media envejecí diecisiete años y una pareja protagonista (Pilar Bardem/Rosa MªSardà) que exhibe esa actitud tan común entre los actores cuando saben que están allí por la pasta: “a mí no me mires, yo pasaba por aquí, vi luz y entré”.

Una de esas películas que le inspiran a uno preguntas como: “¿a cuánto quedará la gasolinera más cercana?”.

Ya lo decía el título de aquella obra maestra del emperador de ventrílocuos (hablo de José Luis Moreno, por supuesto) que tantas alegrías dio al personal con su humor de altos vuelos: “Aquí no hay quien viva”.

Buen fin de semana,

T.G.

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