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¿Están ustedes familiarizado con el concepto ‘anticipación negativa’? Significa tener miedo de algo que aún no ha sucedido. A mí me pasa algo así con el próximo fin de semana. No les voy a explicar el porqué. Ni siquiera tengo claro que lo que me da miedo vaya a suceder, pero odio que me de miedo. Decía Sartre que el imagina el infierno puede estar obligado a vivirlo dos veces, y aunque me caiga mal Sartre, tengo que darle la razón esta vez. Así que mi deseo de navidad no es que me toque la lotería sino que pase este fin de semana y desaparezca mi anticipación negativa. Porque, señores y señoras, eso de la anticipación negativa es una auténtica ruina.

¿Saben? Yo tenía un plan maravilloso para estas navidades. No solo eso: yo tenía el plan. No me acorde de esa frase de Terry Hayes: “Si quieres hacer reír a Dios dile que tienes planes”. Así que lo que parecía ser una manera de compensar el infierno navideño del año pasado ha acabado degenerando en un purgatorio que es igual de malo. Me quedé sin plan. Y sin muchas otras cosas.

“That’s life, at least that’s why they say” decía Frank Sinatra. Le faltaba añadir “y te jodes”.

Dicho esto, esperando que se acabe este maldito año, y recuperar el control de mi maltrecho cerebro, hablemos un poco de cine. Ya hace mucho que no hablamos de cine. Y al final les recomendaré un par de libros, atendiendo a la petición de uno de ustedes, amables lectores de este humilde blog cada vez más freudiano.

Este fin de semana se ha estrenado la última película de Steven Spielberg.
Siempre me ha extrañado esa corriente de presuntos cinéfilos que hablan mal de Spielberg.¿Cómo se puede hablar mal de un tipo que ha hecho Tiburón, E.T., Parque jurásico, Minority report, Munich, En busca del arca perdida, Indiana Jones y la última cruzada, La lista de Schindler o Salvar al soldado Ryan? Hay que ser un poquito lerdo.

Pero sí, amigos y amigas,resulta que ser un genio y saber hacer cine que lleva gente a los cines (valga la redundancia) no es merecedor de ningún parabién. Esos mismos tipos admiran a mamarrachos que no atraen a las salas ni a su abuela, pero –ya se sabe- la nobleza de las minorías, o lo que Christopher Hitchens llamaba “el rebaño de los librepensadores”.

Bueno, dicho esto, este fin de semana, este señor judío, al que algunos llaman el rey Midas y otros el rey (a secas) ha estrenado otro peliculón. Tomando uno de sus colaboradores habituales y una historia real, Spielberg se va al Berlín de la guerra fría con una historia de espías de esas que hacía Michael Caine en los ’70. El Caine de Spielberg se llama Tom Hanks y es ese tipo con cara de espejo en el que todos nos vemos reflejados de un modo u otro. Supongo que esa es su gran calidad, más allá de su indiscutible talento, la de que le miremos y pensemos que podríamos ser él: el tipo corriente en el lugar y el momento equivocados.

Puente de espias, que es como se llama la película, es uno de esos ejercicios de estilo que solo puede ofrecerte un realizador de garantías (estoy pensando en el Michael Mann –el de antes, no el espantapájaros de ahora- o Clint Eastwood) porque se necesita oficio, clase y criterio.

A ver, es que este señor hizo en 1971 una película que se llamaba El Diablo sobre ruedas. Le costó menos de un millón de dólares y la ves ahora y sigue siendo un auténtico espectáculo.

Y así se escribe la historia amigos: unos se quedan sin planes, otros anticipan infiernos que llegarán (o no) y Spielberg sigue haciendo películas memorables. Al final, cada uno tiene lo suyo, que no tiene ser necesariamente lo que se merece, porque eso sería determinismo y en este blog odiamos el jodido determinismo.

Abrazos/as,
T.G.

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