Buenas, señoras y señores,

 

Ven como esta vez he tardado menos?

 

Sí, voy mejorando. Me lo digo a mí mismo para sentirme mejor.

 

Esta semana les recomiendo algo de la anterior, una película llamada Logan.

Logan (la mejor de todas las películas de la franquicia de X-Men) consigue por fin ponerle cara y ojos a uno de los personajes más fascinantes de la historia del comic: Lobezno.

 

Antes de ver la película, me permito aconsejarles (desde la humildad más extrema) la compra del tebeo Viejo Logan, de Mark Millar. En él se puede ver a un Lobezno retirado, viviendo con su familia en una América Apocalíptica. Después de 20 años sin sacar sus garras, algo hace que su vida se complique.

 

Este comic es la base de Logan, un neowestern seco como un Martini, violento como un Peckinpah, poderoso hasta decir basta. Es una pena que justo en el momento en el que alguien consigue captar el auténtico aliento del personaje sea el momento en que éste se despide (Hugh Jackman ya ha anunciado que no seguirá interpretando al bicho), aunque seguramente sea lo mejor para todos.

 

Eso sí, por favor, el próximo que llegue que tome Logan como referencia y se olvide de las otras memeces.

 

La segunda que recomiendo es Kong, con la que me lo he pasado pipa. PIPA.

 

Ya saben que estoy en contra del hiperanálisis fílmico: esa costumbre del s.XXI que consiste en tratar de destripar cualquier película, como si todas fueran susceptibles de ser analizadas bajo los mismos parámetros. Con Kong hemos acabado leyendo alucinantes teorías sobre el tratamiento al personaje femenino, que si el reparto no estaba equilibrado, que si la falta de complejidad de los protagonistas… a ver, amiguetes, que es Kong. El protagonista es un gorila de 32 metros de alto. De 32 metros. De alto.

 

A los 10 minutos, este gorilón ya está derribando helicópteros a manotazos, ¿qué demonios de profundidad dramática queréis? Aquí lo único que importa son los monstruos, el diseño de producción y los efectos especiales. Todo eso es de 10. Si queréis ver algo con profundidad dramática ya tenéis la (maravillosa) Manchester frente al mar.

 

Para los que gusten de la serie B, los del pulp, los de las pelis que adaptaban libros de Verne, los amantes del cine de aventuras sin complejos. Para todos ellos se ha hecho Kong.

 

Y para acabar, porque no quiero que se acostumbren a mi presencia, les recomiendo (muy vivamente) la última película de Agustí Villaronga. Una película oscura, dura y poliédrica que te deja con el corazón del tamaño de un cacahuete. Se llama Incerta glòria y seguro que no saldrá en las listas de lo más taquillero, pero es un peliculón y aquí lo dejo dicho.

 

Y ahora me voy, me reclaman otros asuntos, como ver El Bar, la película de Álex de la Iglesia, de la que he oído toda clase de barbaridades, unas buenas y otras malas.

 

Veremos.

 

Abrazos/as,

T.G.

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